Con más de 30 años de servicio en la Policía, la agente Paula Rodríguez eligió en 2020 asumir riesgos e integrarse a la División de Explosivos, donde el trabajo no es común: ella, como el resto de los agentes de la unidad, dedican sus jornadas a la desactivación de bombas, una labor muchas veces de vida o muerte.
Rodríguez optó por cambiarse a la División de Explosivos, que en el transcurso del año ha tenido que atender siete casos de amenazas de bombas (en 2022 sumaron 260 las querellas), por lo que la agente debe estar preparada para asumir los peligros que conlleva su trabajo, el que incluye neutralizar artefactos militares (un total de 27 el año pasado).
Los peligros no aminalan a Rodríguez, quien antes trabajó en la Unidad de Saturación, la División de Operaciones Tácticas (Fuerza de Choque) y es negociadora de rehenes de la Policía, pero reconoce que «en el camino siempre quise estar en Explosivos y cuando tuve la oportunidad no la quise desaprovechar. Sabía que mi hora iba a llegar y fue hace tres años».
«He tenido que aprender muchas cosas nuevas, compartir con los demás compañeros, porque soy la única fémina. Me he sentido bien, cómoda, ellos me han ayudado un montón», señala la recién certificada técnica en agentes químicos peligrosos (tras un adiestramiento en Alabama) y «posiblemente pudiera ser la segunda mujer en la historia de la Policía en convertirme en técnica de explosivos (la primera está retirada) y hacia eso vamos».
Al ser técnica en explosivos (en la academia de explosivos del FBI), va a tener la oportunidad de recoger el explosivo y detonarlo, para lo cual se incluye el uso del traje antibombas (ya lo ha usado en prácticas) y los robots, aunque ya usa el equipamiento dando apoyo a los técnicos de la División.
Casada con un agente de la Policía, sin hijos, la integrante de Explosivos cuenta que su meta «es darle un buen servicio al pueblo, para que muchos civiles no corran peligro. Estamos aquí a la disposición siempre de proteger al pueblo».
La agente ya ha tenido la experiencia de ponerse el traje antibombas en varias ocasiones, aunque admite que el que recién adquirió la División, que es ergonómico, «es bien cómodo para mí. Y más liviano. Los muchachos pensaron que en algún momento me iba a dar un poquito de claustrofobia o algo, pero funcioné muy bien. Me gusta ponérmelo, yo practico mucho».
Sobre el paso del traje antibombas, poco más de 80 libras, responde que «no tengo problemas, yo hago ejercicio, yo corro maratón. Me preparo. He hecho actividad física toda la vida. Si Dios quiere el domingo que viene vamos para (el maratón) San Blas».
La policía, quien ingresó a Explosivos a los 48 años, dice que «soy alguien súper activa, siempre he estado en la calle. El que me conoce sabe que toda la vida he estado en la calle», algo que con la División sigue haciendo, aunque los peligros son mayores.
Así se expresa Rodríguez al respecto: «Hay algo bien importante y es que yo me encomiendo a Dios. Yo todos los días hago mi oración con mi esposo, él me despide a mí y yo lo despido a él. Sí, pueden haber momentos de vida o muerte, pero aquí estamos».
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