En busca de la Gioconda
Investigadores italianos llevan a cabo una serie de esfuerzos para confirmar la identidad de la Mona Lisa, del cuadro de Leonardo Da Vinci, con suficientes ingredientes como para que Dan Brown o Luis López Nieves escribieran libros de éxito.
Pero no se trata de ninguna novela, sino de la realidad, señala El País: en Florencia arranca la búsqueda del sepulcro de la Gioconda, la mujer de la sonrisa enigmática que a principios del siglo XVI posó para Leonardo da Vinci y quedó representada en el lienzo más representativo del genio renacentista.
Un equipo de geólogos, antropólogos e historiadores del arte, todos reunidos bajo el altisonante Comité nacional para la valorización de los Bienes históricos, culturales y ambientales, comenzará el próximo 27 de abril los trabajos de exhumación de los restos de Lisa Gherardini del Giocondo, considerada la modelo de la obra conservada en el Louvre de París.
En el tiempo, han florecido hipótesis bastante fantasiosas sobre quién fuese la gentil doncella protagonista a su pesar del retrato más famoso, analizado y viviseccionado de siempre: hubo quienes pensaban reconocer el rostro de Isabel d’Este, que, según los documentos de la época, había pedido con insistencia un autorretrato al Maestro.
Otros estaban convencidos de que se trataba de una tal Gualanda, amante de Giuliano de’Medici, entonces Señor de la ciudad. Otros -más maliciosos- difundieron la creencia de que la Mona Lisa fuera el mismo Leonardo disfrazado de mujer, en una velada alusión a su homosexualidad. S
e trata de especulaciones posteriores, que hasta ahora parecen infundadas. Los más fiables, por supuesto, son los testigos contemporáneos al pintor e inventor florentino, como Giorgio Vasari (1511-1574), pintor, arquitecto, historiador del arte de renombre e inigualable insider de aquel vivero cultural que fue la Florencia renacentista.
Vasari, en sus biografías de los artistas escritas a mediados del siglo XVI, cuenta que Leonardo sudó la gota gorda durante cuatro años (1503-1506) pintando un retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo, delfín de una de las más importantes familias florentinas, enriquecida con el comercio de seda entre Italia y Francia. El autor conocía y frecuentaba personalmente la casa de Gherardini y su atribución no debería dejar lugar a duda.
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