El juez, sin embargo, volvió a prohibir que el jurado escuche una frase que la otra acusada, Anthonieska Avilés, habría dicho a su madre esa noche.
Elvia Cabrera Rivera.
En la recta final del juicio contra Elvia Cabrera Rivera por la muerte de la joven Gabriela Nicole Pratts Rosario, la fiscalía apostó por presentar a la testigo que, hasta ahora, más cerca estuvo de la acusada la noche del evento y con la que más interactuó.
Leshandra Pesante Rodríguez es una mujer de 31 años amiga de Bethsaida Caratini Ortiz, una testigo que es tía política de la víctima y que ya ha dicho que vio a Rivera Cabrera pasarle un objeto a su hija, Anthonieska Avilés Cabrera, con el que habría causado las heridas mortales. Avilés Cabrera está acusasa del asesinato junto a su madre, pero su juicio se realizará por separado.
Pratts Rosario murió en medio de una pelea que comenzó porque había disgusto con la relación lesbiana que mantenía la hermana de Avilés Cabrera, Miriathny. Todavía no se ha detallado cómo esa discusión culminó en una agresión contra Pratts Rosario.
Pesante Rodríguez dijo que al lugar de la discusión, conocido como el “desvío” en Aibonito, la acusada “llegó alterada y preguntó que qué estaba pasando”. La mujer cargaba una cartera “grande, rectangular, como caqui oscuro” y “estaba rebuscando en su cartera”. Estando a unos tres pies de la acusada, la testigo dijo que vio que sacó de la cartera “un punzón” y se lo pasó a su hija, Avilés Cabrera. Añadió sobre el objeto que era “puntiagudo, filoso” y como “de una pulgada de ancho”, pero no describió el largo. El testimonio previo es que el objeto tenía unas cinco pulgadas de largo.
“Me la pusó en mis manos”, dijo la testigo sobre lo que la acusada hizo con la cartera tras sacar el objeto, y entonces “ella se va para el revolú, para la pelea”. “Me quedé en shock, me quedé pensando ‘¿qué está pasando aquí?’”, agregó.
Luego se percató de que la víctima, a quien apodaban “Lela”, estaba tirada en el piso en la carretera. Entonces, “tiro la cartera a la grama… me tiré al piso y le cogí su bracito a ver si tenía pulso, no tenía, estaba fría”, contó en un relato que provocó que la madre de la víctima, Lisandra Rosario, saliera llorando de la sala del juez superior Luis S. Barreto Altieri.
La testigo enunció sus respuestas rápidamente, casi sin esperar a que la fiscalía o la defensa terminaran de pronunciar las preguntas.
Contó que Cabrera Rivera regresó a buscar su cartera y que “quería hablar, pero no habló”.
En el contrainterrogatorio, el licenciado Yancarlos Maysonet Hernández estableció que la testigo padece de dos condiciones de la vista, miopia (que no le permite ver bien objetos a distancia) y astigmatismo (que le causa visión borrosa a cualquier distancia). La llevó a declarar que no vio a Avilés Cabrera atacando a la víctima ni vio a la acusada dándole instrucciones a su hija, así como que Cabrera Rivera caminó hacia su hija para entregar el objeto y no lo hizo corriendo. Insinuó también que el contenido de su testimonio se debía a la amistad con Caratini Ortiz.
La fiscalía presentó también el testimonio del cuñado de la víctima, Reynaldo Fernández Maldonado. Pero no pudieron lograr que el jurado escuchara lo que él dice que escuchó que Avilés Cabrera le dijo a la acusada esa noche después del ataque a la víctima: “¿Y ahora qué hago?”. El juez excluyó esa parte de su testimonio y el jurado no la escucho, cónsono con la determinación que ha hecho cuando la fiscalía intentó introducir la frase mediante un testimonio previo. De hecho, amonestó al Ministerio Público para que no siga planteándole algo que está “requete resuelto”.
En otras partes de su testimonio, relató que en medio de la pelea de ese 11 de agosto de 2025 en el “desvío”, un joven le gritó “¡Lela!” y que, cuando llegó a donde estaba su cuñada, la vio tirada en el piso y a Avilés Cabrera “llena de sangre”. Luego vio que la joven estaba hablando con su madre, la acusada. En el contrainterrogatorio, la defensa estableció que el testigo nunca dijo que el objeto que la acusada habría pasado a su hija fuera de punta filosa o un picahielo, como también se le ha descrito en otros testiminios.
Antes de estos testimonios, y como una continuación de una exposición de la semana pasada, la fiscalíoa introdujo en evidencia mensajes de texto y de audio que Miriathny intercambió con varias personas en las horas siguientes a la muerte de Pratts Rosario.
En algunos de ellos, reacciona a que los rumores la vincularan con el asesinato. “No la maté, yo di patás del desespero”, dijo. También, se desvinculaba de actos que atribuía no solo a su madre y a su hermana, sino también a su otra hermana, Anthiany. Esta última no ha sido acusada. “Son mis hermanas, las defendí hasta la muerte, pero hasta ahí. Hasta ahí. En una pelea yo, pues, la defiendo, a quien tenga que defender, y la sangre pesa más que el agua, pero cabrón, que la hayan mata’o, acho, no”, se le escucha decir en otro de los mensajes.
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