Nova Pádua, un municipio de poco más de 2,300 habitantes, registró el mayor respaldo al candidato ultraderechista en la primera vuelta, en medio de una cultura conservadora y el rechazo a los programas sociales del Gobierno.
Fotografía que muestra el 'Pórtico de Nova Padua', en Nova Padua (Brasil). EFE/ Antonio Lacerda
EFE – Nova Pádua, un pequeño municipio del sur de Brasil, otorgó el 87% de sus votos al ultraderechista Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, frente al 7% obtenido por el presidente y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva.
El resultado en esta localidad de poco más de 2,300 habitantes, ubicada en la región vinícola del estado de Rio Grande do Sul, superó ampliamente el respaldo nacional de Bolsonaro, que alcanzó el 47%, frente al 45% de Lula.
Fundado por siete familias procedentes de la región italiana de Véneto a finales del siglo XIX, Nova Pádua conserva tradiciones como el cultivo de uvas, la gastronomía italiana y el uso del dialecto regional. Sus habitantes atribuyen su inclinación política a una cultura conservadora, aunque también influyen los prejuicios contra la izquierda y la menor dependencia de los programas sociales.
El veterinario Roberto Luis Smiderle, de 70 años, describió a los habitantes como descendientes de italianos, católicos, emprendedores y de derecha. Junto a Inácio Sonda, de 67 años, antiguo vicealcalde y comerciante, sostuvo que ambos habrían votado por cualquier candidato conservador con tal de derrotar al Partido de los Trabajadores (PT).
Lula recibió apenas 149 votos en la primera vuelta. Según los entrevistados por EFE, el respaldo al PT en el municipio es escaso y se asocia principalmente con empleados públicos.
El Ayuntamiento nunca ha tenido un concejal del PT y permanece bajo el control de partidos conservadores que se alternan en el poder.
Smiderle y Sonda justificaron su inclinación política al afirmar que valoran el trabajo y la propiedad privada. Ambos criticaron a la izquierda y a Lula por las ayudas económicas destinadas a sectores de bajos ingresos, al considerar que desincentivan el trabajo.
Aunque reciben sus jubilaciones, que consideran un derecho, destacaron que no necesitan el programa Bolsa Familia, creado durante el primer mandato de Lula para apoyar a familias necesitadas.
Actualmente, el programa beneficia a una cuarta parte de la población brasileña y ha contribuido a sacar a millones de personas de la pobreza, principalmente en el noreste del país, una de las regiones más desfavorecidas y con mayor población negra, además de bastión electoral del PT.
En Nova Pádua, apenas una veintena de familias recibe esta ayuda y alrededor del 5% de la población es afrodescendiente.
Mari Boni Paviani, de 68 años y propietaria de un supermercado, también expresó su rechazo a Lula, a quien relaciona con la corrupción, el crimen y los impuestos. La comerciante dijo confiar en una victoria de Bolsonaro en la segunda vuelta del 25 de octubre y espera que un futuro Gobierno reduzca los tributos a pequeños negocios y recupere el dinero que, según ella, fue robado por el PT.
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