«Toda sociedad democrática necesita espacios para disentir, cuestionar y exigir transparencia», afirma el experto en manejo de emergencias.
Heriberto N. Saurí. (Archivo/NotiCel)
En Puerto Rico hemos comenzado a observar una tendencia preocupante: cualquier intento del gobierno —ya sea estatal o municipal— por hacer cumplir leyes, reglamentos o normas de convivencia urbana termina enfrentando protestas, campañas mediáticas o movimientos organizados de oposición. La interrogante que debemos hacernos como sociedad es sencilla, aunque incómoda: ¿hasta dónde vamos a llegar? ¿Dónde trazamos la línea entre el derecho legítimo a expresarse y la necesidad colectiva de mantener el orden y la seguridad?
Recientemente hemos visto controversias relacionadas con trabajos de rehabilitación en el Paseo La Princesa, donde se busca reparar aceras y vías afectadas por raíces de árboles y deterioro acumulado. También se han realizado operativos dirigidos a orientar y remover vendedores ambulantes que ocupan espacios públicos o accesos a vías transitables, generando en ocasiones riesgos para peatones, conductores y hasta para los propios comerciantes.
A esto se suma la oposición constante a proyectos de desarrollo o mejoras de infraestructura. No importa cuán beneficioso pueda resultar un proyecto para una comunidad o para el país; siempre aparece un sector dispuesto a detenerlo por una razón u otra. La protesta se ha convertido, para algunos, en un mecanismo automático de rechazo antes de evaluar objetivamente el bien común.
Es importante dejar algo claro: protestar es un derecho constitucional y debe protegerse. Toda sociedad democrática necesita espacios para disentir, cuestionar y exigir transparencia. Sin embargo, también es cierto que el cumplimiento de la ley no puede depender de quién grita más fuerte, de quién tiene más cámaras o de qué tema sea más políticamente sensible.
Las leyes no pueden cumplirse parcialmente ni sujetarse a conveniencias ideológicas o presiones momentáneas. Una sociedad donde cada ciudadano decide qué regla obedecer y cuál ignorar no es una democracia saludable; es el inicio de una anarquía administrativa y social.
Preocupa igualmente la tendencia creciente de personas que, armadas únicamente con un teléfono celular y una cámara, llegan a oficinas públicas o escenarios operacionales con el aparente propósito de “fiscalizar”, pero que en la práctica terminan hostigando empleados públicos que simplemente realizan su trabajo. Una cosa es documentar un proceso público; otra muy distinta es provocar, intimidar o interferir deliberadamente con las funciones de servidores públicos.
El empleado público también tiene derechos. Tiene derecho a desempeñar sus funciones en un ambiente seguro, sin acoso ni provocaciones. Tiene derecho a un espacio razonable de privacidad y a que no se obstaculice su trabajo bajo el pretexto de la libre expresión. De igual forma, el ciudadano tiene derecho a expresarse, pero ese derecho no puede utilizarse como licencia para alterar operaciones, invadir espacios restringidos o violentar la tranquilidad de otros.
La solución no es eliminar derechos; es establecer límites razonables y reglas claras. Deben existir perímetros definidos para protestas, protocolos para grabaciones en oficinas públicas y mecanismos que permitan la expresión sin afectar servicios esenciales ni poner en riesgo la seguridad de terceros.
También corresponde a nuestros líderes políticos actuar con responsabilidad. Convertir cada controversia en una plataforma política o alimentar el desorden para obtener protagonismo mediático solo debilita la institucionalidad y erosiona el respeto por la ley. Gobernar no es complacer a todos; gobernar implica tomar decisiones difíciles pensando en el bienestar colectivo.
Puerto Rico necesita decidir qué tipo de sociedad quiere ser. Una donde las leyes se respeten, las instituciones funcionen y el orden urbano se preserve, o una donde todo intento de regulación sea interpretado como una agresión y donde prevalezca el caos sobre la convivencia.
Los derechos son esenciales. Pero también lo son el orden, la responsabilidad y el respeto mutuo. Una democracia madura necesita ambos para sobrevivir.
Start creating an account
Te enviamos un correo electrónico con un enlace para verificar tu cuenta. Si no lo ves, revisa tu carpeta de correo no deseado y confirma que tienes una cuenta vinculada a ese correo.
Enter your account email address and we'll send you a link to reset your password.
Le hemos enviado un correo electrónico a {{ email }} con un enlace para restablecer su contraseña. Si no lo ve, revise su carpeta de correo no deseado y confirme que tiene una cuenta vinculada a ese correo electrónico.
Please verify that your email address is correct. Once the change is complete, use this email to log in and manage your profile.
Comentarios {{ comments_count }}
Añadir comentario{{ child.content }}