Cuando la ley también abraza
En días recientes, una intervención policiaca relacionada con drogas en el municipio de Canóvanas dejó al descubierto una realidad que como sociedad no podemos ignorar: cinco menores de edad viviendo en condiciones infrahumanas.
En días recientes, una intervención policiaca relacionada con drogas en el municipio de Canóvanas dejó al descubierto una realidad que como sociedad no podemos ignorar: cinco menores de edad viviendo en condiciones infrahumanas. La escena dura y perturbadora, obliga a una reflexión profunda que va mucho más allá del acto delictivo que dio origen a la intervención.
Es legítimo —y necesario— preguntarnos cómo una situación así pudo pasar inadvertida por tanto tiempo. ¿Dónde estaban los familiares? ¿Los vecinos? ¿La escuela? Estas preguntas no buscan señalar culpables inmediatos, sino evidenciar una falla colectiva en nuestros sistemas de protección social y comunitaria. La niñez no puede depender del azar para ser protegida.
Sin embargo, en medio de esta tragedia social, ocurrió algo que merece ser resaltado con igual fuerza: la sensibilidad, humanidad y profesionalismo demostrados por los agentes de la Policía de Puerto Rico que intervinieron en el caso. Lejos de limitarse a un procedimiento frío o mecánico, los policías actuaron con empatía y genuina preocupación por el bienestar emocional de los menores. El gesto de celebrar el cumpleaños de uno de los niños —en medio de un entorno marcado por el abandono y la precariedad— es un acto que trasciende el deber y habla del lado humano de quienes portan un uniforme.
Este tipo de acciones nos recuerda que la función policiaca no se limita a hacer cumplir la ley. También implica proteger la dignidad humana, especialmente la de aquellos que no tienen voz ni poder para defenderse. En ese instante, la ley no solo intervino: también abrazó.
Como sociedad, tenemos la responsabilidad de reconocer estas gestas y, más importante aún, de reciprocar con apoyo, respeto y confianza a nuestros policías cuando actúan con integridad y compasión. El reconocimiento no cancela la crítica legítima cuando corresponde, pero sí equilibra la narrativa y fortalece el vínculo entre comunidad y seguridad pública.
Si aspiramos a una sociedad más justa, segura y humana, debemos exigir sensibilidad a nuestras instituciones, pero también saber reconocerla cuando se manifiesta. En Canóvanas, la Policía hizo más que un arresto: hizo lo correcto.
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