Ceballos se convirtió en la primera atleta del balonmano puertorriqueño en ser escogida como abanderada de una delegación nacional para unos Juegos Centroamericanos y del Caribe.
La abanderada de PUR, Nathalys Ceballos. (Foto suministrada)
Hay momentos que parecen escritos por el destino.
Hace 20 años, una joven de apenas 16 años pisó por primera vez el escenario de unos Juegos Centroamericanos y del Caribe. Era Cartagena 2006, pero la competencia de balonmano se celebraba en Santo Domingo, República Dominicana. Allí, Nathalys Ceballos debutó con la Selección Nacional adulta y conquistó la primera medalla centroamericana de una carrera que apenas comenzaba.
Dos décadas después, la historia vuelve al mismo lugar.
En Santo Domingo 2026, Nathalys regresará a la misma cancha donde inició su legado internacional. Esta vez no solo como una de las máximas referentes del balonmano puertorriqueño, sino con el honor de encabezar al equipo boricua como abanderada de la delegación.
«Me remonté al momento en que di mis primeros pasos en el balonmano. Con lágrimas en los ojos y el corazón lleno de emociones, me dije: ‘Nathalys, todo el sacrificio y el esfuerzo valieron la pena’. En ese momento solo pude darle gracias a Dios por regalarme el privilegio de vivir un momento tan especial y de haber recibido la noticia junto a toda la comunidad de balonmano, mis amigas y mi familia», recordó.
La designación también marca un capítulo histórico para su deporte. Nathalys se convirtió en la primera atleta del balonmano puertorriqueño en ser escogida como abanderada de una delegación nacional para unos Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Sin embargo, para ella el reconocimiento trasciende lo personal.
«Representa mucho más que un reconocimiento personal. Es un logro para mi comunidad de Villa Realidad, para mi pueblo de Río Grande, para mi club Guerrilleros de Río Grande, para nuestra Federación de Balonmano, incluyendo generaciones pasadas, árbitros, delegados, jugadores y para toda la fanaticada del balonmano. También es un homenaje al sacrificio de mis padres y una esperanza para los niños y jóvenes, demostrando que no importa de dónde vengas, con esfuerzo, disciplina y fe en Dios puedes alcanzar grandes sueños».
Su historia comenzó mucho antes de convertirse en una de las grandes figuras del balonmano puertorriqueño. A los 13 años enfrentó una decisión que marcaría el rumbo de su vida: viajar de vacaciones con su familia a Disney o representar por primera vez a Puerto Rico en una competencia internacional.
Escogió vestir el uniforme nacional.
Aquella decisión le regaló su primera medalla internacional y abrió un camino que la llevaría a representar a Puerto Rico durante más de dos décadas en Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos, campeonatos mundiales y múltiples eventos internacionales, además de conquistar cuatro medallas centroamericanas y ser reconocida en cuatro ocasiones como Atleta del Año del Comité Olímpico de Puerto Rico.
«Representar a Puerto Rico por más de dos décadas significa un orgullo y una gran responsabilidad. Ha sido un largo viaje lleno de sacrificios, disciplina, perseverancia, consistencia, compromiso y amor por mi país. Cada vez que me pongo ese uniforme, recuerdo por qué empecé. Más allá de los resultados, me llevo el honor de haber defendido los colores de Puerto Rico durante tantos años y de inspirar a las nuevas generaciones a creer que, con fe en Dios, esfuerzo y perseverancia, los sueños sí se pueden alcanzar».
Cuando el equipo desfile en la ceremonia de apertura de Santo Domingo 2026, Nathalys llevará mucho más que la bandera de Puerto Rico. «Portar la bandera en la ceremonia de apertura es uno de los mayores honores que puede recibir un atleta. Es tener el privilegio de llevar los sueños, el esfuerzo y el orgullo de un país».
Quizás la mejor forma de resumir su historia sea con las palabras que hoy le dedicaría a aquella niña que un día decidió entrar por primera vez a una cancha de balonmano.
«Nunca dejes de soñar en grande. No dejes de poner a Dios en el centro de tu vida y de tus planes, porque Él abrirá puertas que ni imaginas. Gracias por atreverte a ir a ese primer entrenamiento sin saber que esa decisión transformaría tu vida. Sigue creyendo y confiando en ti. Habrá momentos difíciles, pero cada sacrificio, cada victoria, cada derrota y todas esas horas de entrenamiento tendrán un propósito. Disfruta el proceso, porque un día tendrás el honor de representar a Puerto Rico como abanderada y entenderás que todo valió la pena. Gracias por no rendirte».

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