«No es justo ni responsable transmitir constantemente el mensaje de que el país está completamente indefenso», afirma Heriberto N. Saurí.
Archivo/EFE
Cada vez que Puerto Rico experimenta un temblor de tierra o los expertos advierten sobre la posibilidad de un terremoto de gran magnitud, surge el mismo discurso: «Puerto Rico no está preparado».
La afirmación, aunque contiene una parte de verdad, suele presentarse sin el contexto necesario. Por eso me permito hacer una pregunta sencilla: ¿Qué país del mundo está realmente preparado para enfrentar por sí solo un terremoto catastrófico, un tsunami y todas sus consecuencias? La respuesta es clara: ninguno.
Ni Japón, considerado el referente mundial en preparación sísmica; ni Chile, uno de los países con mayor experiencia en terremotos; ni Estados Unidos, ni Nueva Zelanda pueden responder completamente solos a un evento de esa magnitud. Todos, sin excepción, dependen del apoyo mutuo, la cooperación intergubernamental y, cuando la magnitud del desastre lo amerita, de la ayuda internacional.
Reconocer esa realidad no significa justificar deficiencias ni minimizar los riesgos. Significa entender que el objetivo de la gestión de emergencias nunca ha sido eliminar el impacto de los desastres, sino reducir sus consecuencias mediante la planificación, la preparación y la resiliencia.
Los países que hoy admiramos por su capacidad de respuesta no llegaron allí por casualidad. Han invertido durante décadas en códigos de construcción sismo-resistentes, planificación urbana responsable, sistemas de alerta temprana, educación continua de la población, simulacros periódicos y el fortalecimiento de sus organismos de respuesta.
Puerto Rico también ha recorrido ese camino. Hoy contamos con sistemas de alerta de tsunami, mapas de riesgo, planes de evacuación, ejercicios como Caribe Wave, equipos especializados de búsqueda y rescate, personal altamente capacitado en manejo de emergencias, bomberos, policías, emergencias médicas, Guardia Nacional y cientos de voluntarios comprometidos con proteger a nuestras comunidades.
¿Es suficiente? No. ¿Debemos continuar fortaleciendo nuestras capacidades? Absolutamente. Pero tampoco es justo ni responsable transmitir constantemente el mensaje de que el país está completamente indefenso. Ese discurso termina sembrando desesperanza y aumentando la ansiedad colectiva.
La realidad es diferente. Si ocurriera un terremoto de gran magnitud, necesitaremos ayuda externa. Eso es completamente normal y ha ocurrido en prácticamente todos los grandes desastres del mundo. Sin embargo, también contamos con recursos humanos y operacionales capaces de responder durante las primeras horas críticas mientras llegan refuerzos adicionales.
La conversación pública debe evolucionar. En lugar de alimentar el miedo, debemos fortalecer la preparación ciudadana. Necesitamos promover comunidades resilientes, reforzar las estructuras vulnerables, educar a nuestras familias, apoyar los programas comunitarios de respuesta y convertir la preparación en parte de nuestra cultura.
La información responsable salva vidas. El alarmismo únicamente genera miedo. Los medios de comunicación cumplen una función esencial durante las emergencias y su responsabilidad es informar con objetividad, ofrecer contexto y contribuir a educar a la población.
Puerto Rico enfrenta riesgos naturales reales. Pero también cuenta con profesionales altamente preparados, instituciones con experiencia y una ciudadanía que, con la orientación adecuada, puede fortalecer significativamente su capacidad de respuesta.
La preparación no consiste en prometer que un desastre no causará daños. Consiste en desarrollar la capacidad colectiva para responder, recuperarnos y seguir adelante. Esa es la conversación que debemos promover: una basada en la responsabilidad, la educación y la resiliencia.
* Heriberto N. Saurí, MPH, es consultor en Manejo de Emergencias y Sistemas de Emergencias Médicas.
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