La sequía y el racionamiento impactan la psiquis también
La crisis de sequía requiere un acercamiento social, debido a que trae consigo, además del calor potente, el aire seco y la escasez de agua, un impacto psicológico en la población, que puede variar desde problemas individuales de salud física y pequeñas reacciones de ajuste ante las nuevas condiciones de vida, hasta el desencadenamiento de crisis sociales por hambruna, desempleo y migración.
Así explicó el psiquiatra y hospitalista Jorge Santiago, en entrevista con NotiCel, quien contó que el primer impacto de la sequía se vincula con efectos inmediatos de salud física. Los vientos del Sahara y los polvos volcánicos, arrastran un particulado que produce problemas respiratorios, mientras que el racionamiento puede redundar en falta de higiene y en el desarrollo de enfermedades infecciosas
Sin embargo, los factores psicosociales y las condiciones de vida también funcionan como detonantes de reacciones emocionales, los cuales generalmente conllevan reacciones individuales de ajuste a los cambios, pero colectivamente pueden provocar una larga lista de problemáticas sociales.
‘Mientras más se extiende la sequía, más posibilidades hay de crisis agrícolas, en la ganadería, más afecta el turismo, y naturalmente, eso eventualmente puede provocar mayor pobreza, desempleo, hambruna y escasez de elementos. Todos esos elementos mayormente desencadenan crisis sociales, afectando el balance de la convivencia, disparando la criminalidad’, dijo.
A su vez, los fenómenos naturales prolongados también pueden detonar la migración, sobre todo al puertorriqueño, que debido a la condición sociopolítica de la Isla, se le facilita el asentamiento en estados de Estados Unidos, y difícilmente regresan, comentó Santiago, aunque sea motivado por un fenómeno transitorio. ‘Cuando le añades nuestra situación económica, la falta de abastos dispara la decisión. En otros países, con bordes y límites, hay disputas por los abastos y conflictos bélicos’, reflexionó.
Y dentro de todo este cuadro de desplazamientos, despedidas en los aeropuertos, crisis emocionales, desesperación y problemas salubres, son las poblaciones más vulnerables quienes recibe los mayores embates. Se trata de la población dependiente, los niños y los adultos mayores.
Como esta población en la mayoría de los casos carece de autosuficiencia, de procurarse los medios y recursos que requieren para su resistencia vital, además, de fisiológicamente enfrentar el estado de salud más delicado, se predisponen a la desnutrición, la malnutrición y la deshidratación de manera más rápida, ilustró.
‘Además, se caracterizan por tener menos recursos. Nuestros viejos carecen de apoyo familiar y social. Aunque vivan en una comunidad que los congregue, no necesariamente tienen los recursos disponibles’, lamentó el doctor.
Santiago, quien posee su clínica ambulatoria en Caguas, aún no ha recibido un caso de enfermedad mental que requiera hospitalización a raíz de la sequía. No obstante, admitió que la angustia del momento, los temores, la ansiedad y la incertidumbre acerca de la seguridad social, pueden derivar, como evento traumático, en tendencias depresivas o incluso suicidas en casos excepcionales.
Por tales razones, para evitar un agravamiento de la situación, Santiago afirmó que las circunstancias llaman a un acercamiento social, de las comunidades y grupos, sin necesariamente requerir intervención estrictamente de profesiones de salud mental. ‘La reacción de ajuste es suficiente con acercamientos comunitarios, de elementos organizados localmente que conozcan bien la idiosincrasia de la población’, sugirió.
Estos grupos de apoyo, de vecinos, organizaciones comunitarias, redes de amigos, entre otras, deben permitir que se ventilen las emociones y las frustraciones, y que provean mensajes de apoyo dentro del proceso de adaptación a las circunstancias. A su vez, desde la política y la economía, se deben proveer seguridad en los abastos esenciales y elementos básicos de la subsistencia humana.
Sin embargo, en una nota favorable, el psiquiatra manifestó que toda crisis puede abastecer a una sociedad de un impacto positivo, por el crecimiento social y el desarrollo de la conciencia.
‘Son cosas que parecen clichés públicos o sociopolíticos, pero son realidades. Cuando hablamos de abastos de agua, siempre se ha dicho que es un recurso agotable, no necesariamente infinito, y tenemos que aprender a utilizarlo de manera efectiva, con conciencia. Este tipo de experiencia nos ayuda a conocerlo, prepararnos, respetar los abastos y el uso de agua, y obviamente, aprender a trabajar en colectivo’, dijo.
De esa forma, concluyó, generaciones que nunca habían experimentado la necesidad de un recurso tan básico como el agua, lo vive hoy, crece del momento histórico y de las circunstancias sociales, y aprende a utilizar los recursos ambientales de forma más efectiva y prudente, lo cual puede dejar una huella positiva en el porvenir social puertorriqueño.
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