{"id":955698,"date":"2025-10-16T11:09:20","date_gmt":"2025-10-16T15:09:20","guid":{"rendered":"https:\/\/noticel.com\/?p=955698"},"modified":"2025-10-16T11:34:11","modified_gmt":"2025-10-16T15:34:11","slug":"le-llego-la-hora-al-trabajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticel.com\/en\/opiniones\/20251016\/le-llego-la-hora-al-trabajo\/","title":{"rendered":"Le lleg\u00f3 la hora al trabajo"},"content":{"rendered":"<p>Hace unos d\u00edas, en un restaurante de Santurce, coincid\u00ed con el bisnieto de Manuel Zeno Gand\u00eda, aquel escritor que diseccion\u00f3 el alma puertorrique\u00f1a en \u00abLa charca\u00bb. Me cont\u00f3 que en la universidad escribi\u00f3 un cuento titulado \u00abUna hormiga dentro de una manguera\u00bb. Le hice una broma: \u201ceso suena a los setenta, a realismo con angustia\u201d. Re\u00edmos, y me qued\u00e9 pensando en la imagen: una hormiga que avanza a oscuras dentro de un tubo largo, siguiendo el agua sin saber hacia d\u00f3nde va. En ocasiones, as\u00ed se siente vivir y trabajar hoy: arrastrados por el flujo del tiempo, tratando de no ahogarnos dentro de la corriente.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edas antes hab\u00eda le\u00eddo en Forbes una palabra nueva: microshifting. Un t\u00e9rmino de esos que parecen inventados por una m\u00e1quina para describirnos a nosotros. Seg\u00fan el art\u00edculo, el futuro del trabajo no ser\u00e1 remoto ni h\u00edbrido, sino algo m\u00e1s fragmentado: bloques cortos y flexibles de productividad divididos a lo largo del d\u00eda. Ya no trabajar\u00edas de nueve a cinco, sino en fracciones de tiempo. Como si el tiempo se hubiese partido en pedazos de eficiencia y fatiga, y nosotros aprendi\u00e9semos a vivir entre ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00e9 en Borges, que imaginaba el para\u00edso como una biblioteca sin relojes, y en Cort\u00e1zar, que entend\u00eda el tiempo como un t\u00fanel, no como una l\u00ednea recta. Quiz\u00e1 ten\u00edan raz\u00f3n sin saberlo: el siglo XXI convirti\u00f3 la jornada laboral en una porosa, una corriente que se escurre entre pantallas, notificaciones y respiraciones cortas. El reloj sigue ah\u00ed, pero ya no manda. Lo que manda ahora es el algoritmo.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante m\u00e1s de un siglo, el derecho laboral gir\u00f3 alrededor de una certeza: la jornada deb\u00eda ser continua. Ocho horas de trabajo, ocho de descanso, ocho de vida. Fue la gran conquista de la Revoluci\u00f3n Industrial, el punto medio entre el cuerpo y la f\u00e1brica. John Maynard Keynes lleg\u00f3 a creer que el progreso tecnol\u00f3gico nos liberar\u00eda. En su ensayo de 1930, Economic Possibilities for our Grandchildren, predijo que trabajar\u00edamos solo quince horas semanales y que el mayor dilema de las sociedades modernas ser\u00eda c\u00f3mo llenar el tiempo libre. Se equivoc\u00f3. El capitalismo no redujo las horas; las multiplic\u00f3, las dispers\u00f3, las escondi\u00f3 detr\u00e1s de pantallas encendidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed, en Puerto Rico, el reloj a\u00fan tiene fuerza de ley. La Ley 379 de 15 de mayo de 1948, seg\u00fan enmendada, requiere que la jornada laboral sea continua. No puede fraccionarse. Es una idea casi moral: proteger al trabajador de la dispersi\u00f3n, de los lapsos no pagados, del tiempo que se le escapa sin salario. El microshifting, en cambio, propone justo lo contrario: dividir el d\u00eda en segmentos independientes, como si cada persona fuese su propio reloj. Una herej\u00eda jur\u00eddica, si se mira desde la letra de la ley. Pero quiz\u00e1s una evoluci\u00f3n, si se mira desde su esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>En Estados Unidos, la Fair Labor Standards Act &#8211; esa carta magna del trabajo moderno &#8211; no proh\u00edbe fragmentar la jornada. Le da al tiempo una elasticidad pragm\u00e1tica: lo importante no es que las horas sean continuas, sino que todas se paguen. Si el trabajador interrumpe su d\u00eda, puede hacerlo, siempre que su descanso sea real y no est\u00e9 bajo el control del patrono. Es un modelo que asume que el tiempo puede estirarse o contraerse mientras no se pierda el pago de un salario digno y justo. En Puerto Rico, en cambio, el tiempo tiene un valor casi \u00e9tico: se mide en continuidad, no en flexibilidad. La jornada no se trocea; se defiende. Son dos filosof\u00edas del reloj: la norteamericana, que busca eficiencia; y la nuestra, que a\u00fan protege la dignidad de la pausa.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, el microshifting solo tendr\u00eda cabida aqu\u00ed para los empleado exentos \u2013 a saber, los ejecutivos, profesionales, administrativos y otros -, o sea, aquellos que ya no est\u00e1n atados a la jornada, sino a los resultados. Para los dem\u00e1s, la fragmentaci\u00f3n ser\u00eda contraria a la Ley 379, y no solo en su letra: tambi\u00e9n en su esp\u00edritu. Porque esa ley naci\u00f3 para evitar que el trabajador viviese a medias, atrapado entre turnos fragmentados y periodos de tiempo vac\u00edos. Si el microshifting ha de existir en Puerto Rico, habr\u00eda que enmendar la ley o reinterpretar su esp\u00edritu: entender que proteger al trabajador no siempre implica inmovilizarlo, sino permitirle que organice su tiempo sin perder su salario ni su descanso.<\/p>\n\n\n\n<p>El microshifting no es solo una idea. Ya ocurre, silenciosamente, en miles de casas y escritorios improvisados. Es el padre que responde correos mientras prepara el desayuno. La maestra que da una clase virtual y luego tiende la ropa. El abogado que redacta una moci\u00f3n entre dos reuniones de terapia. La enfermera que estudia su maestr\u00eda en el turno de almuerzo. La madre que apaga la c\u00e1mara de Zoom para ayudar con la tarea, el joven que cuida a su abuela mientras hace su doctorado, el empleado que trabaja a las tres de la ma\u00f1ana porque su mente est\u00e1 m\u00e1s clara cuando todos duermen. Todos practican el microshifting sin saberlo: sobreviven en turnos invisibles de concentraci\u00f3n, deber y cargo de conciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Trabajamos entre los intersticios de la vida. Somos multitareas de nosotros mismos: empleados a media jornada y padres a medianoche; profesionales a destiempo y humanos a ratos. El riesgo no es que se diluya la jornada; es que se diluya el ser. Porque el cuerpo est\u00e1 en un sitio, la mente en otro, y la atenci\u00f3n &#8211; esa nuevo oro del siglo XXI- se reparte en kilates.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s el nuevo derecho del trabajo no tenga que abolir el reloj, sino reprogramarlo. Mantener su prop\u00f3sito original &#8211; proteger del <em>burnout<\/em> -, pero trasladarlo al lenguaje del algoritmo. Asegurar desconexi\u00f3n, consentimiento y descanso real. Reconocer que el tiempo ya no se mide por horas, sino por atenci\u00f3n. Tal vez el desaf\u00edo no sea solo jur\u00eddico, sino moral: devolverle coherencia al d\u00eda humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Keynes imagin\u00f3 un mundo donde trabajar\u00edamos poco porque ser\u00edamos ricos. Borges so\u00f1\u00f3 con un tiempo infinito y circular. Nosotros vivimos en uno donde el trabajo es continuo aunque el reloj est\u00e9 fragmentado. Y quiz\u00e1s el desaf\u00edo no sea resistir el microshifting, sino domesticarlo: hacer que la tecnolog\u00eda sirva al tiempo humano, y no al rev\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque, como escribi\u00f3 Cort\u00e1zar, \u201cnada est\u00e1 perdido si se tiene el valor de proclamar que todo est\u00e1 perdido y hay que empezar de nuevo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00e9 entonces que, si Zeno Gand\u00eda hubiese escrito hoy \u00abLa charca\u00bb, no hablar\u00eda de los ca\u00f1averales ni de la fiebre del tr\u00f3pico, sino de los correos sin leer y de los relojes que nunca descansan. Tal vez hoy su novela se llamar\u00eda La jornada, y contar\u00eda la historia de quienes se ahogan en el tiempo sin agua. Porque, al final, el agua turbia sigue siendo la misma, solo que ahora corre por dentro del reloj.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Licenciado Jaime Sanabria Monta\u00f1ez. Foto suministrada.<\/p>","protected":false},"author":110,"featured_media":955703,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"ep_exclude_from_search":false,"footnotes":""},"categories":[48],"tags":[2131,362],"class_list":["post-955698","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opiniones","tag-microshifting","tag-trabajo"],"acf":[],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/955698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/110"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=955698"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/955698\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":955702,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/955698\/revisions\/955702"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/955703"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=955698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=955698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=955698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}