{"id":93991,"date":"2013-08-17T10:21:17","date_gmt":"2013-08-17T14:21:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.noticel.com\/80-grados\/blogs\/opiniones\/20130817\/una-guerra-social-invisible\/"},"modified":"2025-07-15T14:02:58","modified_gmt":"2025-07-15T14:02:58","slug":"una-guerra-social-invisible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticel.com\/en\/opiniones\/20130817\/una-guerra-social-invisible\/","title":{"rendered":"Una guerra social (in)visible"},"content":{"rendered":"<p>Durante las \u00faltimas decadas ha habido en Puerto Rico un aumento impresionante en los asesinatos, particularmente de j\u00f3venes. Sin embargo, este fen\u00f3meno de violencia social no ha logrado articularse como un problema pol\u00edtico; por el contrario, parece haberse naturalizado e invisibilizado. En un articulo de Gloria Ruiz Kuilan publicado en La Revista de El Nuevo D\u00eda del 25 de octubre de 2009, la periodista plantea que las estad\u00edsticas de la polic\u00eda revelan que desde el 2000 hasta mayo de 2009, unos 310 menores de 18 a\u00f1os fueron asesinados. Se\u00f1ala, adem\u00e1s, que seg\u00fan esas mismas estad\u00edsticas, de 1990 a junio de 2009 fueron asesinadas 15,717 personas, mayormente hombres j\u00f3venes menores de 30 a\u00f1os de edad. Esta cifra es mayor que la poblaci\u00f3n estimada por el censo federal para el municipio de Maunabo en 2008, que era de 12,668 personas. M\u00e1s a\u00fan, afirma la periodista, para octubre de 2009 ya se hab\u00eda superado la cifra de asesinatos de menores de edad de todo el a\u00f1o 2008. Los informes polic\u00edacos indican que en el 2008 hubo 25 menores asesinados y ya para el 9 de octubre del 2008 esa cifra alcanzaba 28 menores asesinados. Finalmente, Kuilan destaca que en la decada del 90, la primera causa de muerte entre los j\u00f3venes de 10 a 29 a\u00f1os fue el asesinato. Valdr\u00eda la pena comparar estas cifras con las muertes en combate de los soldados estadounidenses en Afganist\u00e1n e Irak para tener m\u00e1s clara la magnitud de este fen\u00f3meno que puede caracterizarse como una &#8216;guerra social&#8217; que ha producido una matanza de civiles de proporciones alarmantes.<\/p>\n<p>De 2008 al presente la situaci\u00f3n que describe Kuilan ha empeorado y nuestra impotencia frente a este terrible problema tambi\u00e9n. En el a\u00f1o 2010 fueron asesinadas 984 personas y en el 2011 el n\u00famero de asesinatos alcanz\u00f3 la cifra r\u00e9cord de 1,136. En el 2012 fueron asesinadas 1,004 personas siendo este el segundo a\u00f1o de mayor n\u00famero de asesinatos en Puerto Rico. (Ver: El Vocero, 14 de enero de 2013.) Hasta la primera semana de agosto de este a\u00f1o hab\u00edan ocurrido 544 asesinatos. La mayor\u00eda de estos asesinatos est\u00e1n estrechamente vinculados al narcotr\u00e1fico.<\/p>\n<p>El 14 de diciembre de 2012, se produjo un asesinato brutal que conmovi\u00f3 al pa\u00eds. La v\u00edctima de este asesinato fue el publicista de 35 a\u00f1os Jos\u00e9 Enrique G\u00f3mez Salad\u00edn. Su muerte, igual que otras que se han dado recientemente, visibiliz\u00f3 moment\u00e1neamente la gravedad de la situaci\u00f3n. No obstante, la mayor\u00eda de los asesinatos, que son de j\u00f3venes de barriadas pobres o caser\u00edos, quedan invisibilizados o llegan al punto de la normalizaci\u00f3n, y con ella, poco o ning\u00fan cuestionamiento sobre sus causas, implicaciones y la tragedia misma. Esta invisibilizaci\u00f3n facilita precisamente el no ver, ni enterarnos del problema. Excepto que cada d\u00eda esta violencia social, al desbordarse de sus territorios a los que podr\u00edamos llamar &#8216;tradicionales&#8217;, toca a otros sectores cada vez m\u00e1s amplios de la sociedad. As\u00ed, por ejemplo, el asesinato del joven Stephano Cornelis Steenbakkers Betancourt, hijo de un hombre holand\u00e9s, provoc\u00f3 una discusi\u00f3n en las redes sociales sobre la conmoci\u00f3n y atenci\u00f3n que recibi\u00f3 el suceso vis a vis la cantidad de asesinatos diarios en otros sectores sociales. En uno u otro caso, esta violencia social es, sin dudas, uno de los problemas m\u00e1s graves que enfrenta el pa\u00eds. Se trata de un problema que pone en entredicho varios aspectos socio-econ\u00f3micos estructurales fundamentales y sus aristas.<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo que Puerto Rico tenga una de las tasas de asesinatos m\u00e1s altas del mundo, incluyendo la ciudad de Nueva York y otras grandes capitales del mundo, y que el hecho provoque poca o ninguna atenci\u00f3n de rigor. El silencio y la indiferencia ante este fen\u00f3meno me parece an\u00e1logo al que se da ante lo que Bernard-Henri Levy llama las &#8216;guerras olvidadas&#8217; en Burundi, el Congo, Angola, Sierra Leona, Sud\u00e1n, Sri Lanka, y otros lugares. Son estas &#8216;guerras sin salida, sin objetivos ideol\u00f3gicos claros y sin memoria, a pesar de que duran a\u00f1os&#8217;; guerras que a nadie parecen importarles, guerras silenciadas. Tanto en nuestra &#8216;guerra social&#8217; como en las guerras olvidadas parecer\u00eda que la indiferencia y el silencio se traducen en una estrategia de dejar que &#8216;otros&#8217; se maten entre s\u00ed, lo que implica un alejamiento del otro y cierta condonaci\u00f3n a los asesinatos. En nuestro caso, se trata de dejar que se liquiden los &#8216;otros&#8217; en tanto sujetos criminalizados, mientras que en las guerras olvidadas de Levy se trata de que se maten los &#8216;otros&#8217; en tanto parias de la tierra.<\/p>\n<p>En Puerto Rico no estamos ante una forma de violencia cuyo objetivo es matar a una parte de la poblaci\u00f3n para subordinar pol\u00edticamente a la totalidad restante de la poblaci\u00f3n, aunque el efecto directo sea el control de la poblaci\u00f3n restante a partir del miedo a &#8216;la criminalidad&#8217; o el control de esta; ni estamos frente a un proceso que persigue erradicar a un grupo \u00e9tnico de su territorio, es decir, una limpieza \u00e9tnica. Tampoco se puede plantear que es el Estado quien organiza este proceso de violencia (aunque ciertamente hay una complicidad con este proceso) como ocurre en otros procesos de violencia de masa. Y sin embargo, no por eso el fen\u00f3meno dejar\u00eda de ser uno pol\u00edtico o al menos de lo pol\u00edtico. Como se\u00f1ala Pilar Calveiro, las redes de narcotr\u00e1fico se presentan equivocadamente como actividades criminales privadas: &#8216;me refiero a la relaci\u00f3n que existe entre las organizaciones criminales y las corporaciones policial y militar, las corporaciones pol\u00edticas y las econ\u00f3micas, principalmente los bancos que se dedican al lavado de fondos. Estas manifestaciones son p\u00fablico-privadas ya que articulan circuitos legales e ilegales&#8217;. Calveiro a\u00f1ade que, las violencias vinculadas al narcotr\u00e1fico &#8216;tienen objetivos econ\u00f3micos y pol\u00edticos y por eso deben ser pensadas y resistidas pol\u00edticamente&#8217;.<\/p>\n<p>El asesinato de miles de j\u00f3venes \u2014sobre 15,000\u2014 constituye una guerra social (in)visible, que opera como una &#8216;limpieza social&#8217; de sectores socialmente excluidos o &#8216;desechables&#8217; en el pa\u00eds. Se trata de una suerte de un nuevo tipo de conflicto social, de una suerte de auto-purga social, que produce cad\u00e1veres indiferenciados, cuerpos de personas cuyos nombres no conocemos o recordamos, cuerpos de una poblaci\u00f3n excedente que se asume con demasiada frecuencia como una excrecencia social. Esta guerra est\u00e1 estrechamente vinculada al narcotr\u00e1fico, particularmente, al control por parte de distintas pandillas de los puntos de venta y distribuci\u00f3n de drogas.<\/p>\n<p>En un comienzo, la guerra por el control de los puntos estuvo m\u00e1s o menos fijada a ciertas \u00e1reas y a las personas directamente involucradas al tr\u00e1fico de drogas. Esto facilit\u00f3 la indiferencia de parte de los sectores medios y profesionales, las clases privilegiadas y del propio Estado. &#8216;Si no est\u00e1s metido en traqueteos de droga no tienes de qu\u00e9 preocuparte&#8217;; &#8216;Deja que se maten entre ellos que son animales&#8217;; &#8216;Eso no es conmigo es entre los narcos&#8217;; &#8216;Si lo mataron algo habr\u00e1 hecho&#8217;, y de este modo, se estableci\u00f3 claramente una frontera entre &#8216;nosotros&#8217;, los &#8216;ciudadanos decentes&#8217; ajenos a esa guerra y &#8216;ellos&#8217;, los que se estaban matando entre s\u00ed. Pero a medida que el tr\u00e1fico de drogas se convirti\u00f3 en uno de los pilares claves de la econom\u00eda isle\u00f1a y atravesaba transversalmente todos los sectores sociales del pa\u00eds, la guerra social se expandi\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de los puntos de drogas, sus c\u00f3digos cobraban mayor opacidad y sus efectos comenzaron a afectar m\u00e1s y m\u00e1s a los sectores que nos pod\u00edamos sentir inmunes a ella. Entonces comenzaron los reclamos de &#8216;seguridad&#8217; por parte de los &#8216;ciudadanos decentes&#8217;, que finalmente nos dimos por enterados de esta guerra, pero solo cuando unos de los &#8216;nuestros&#8217; era v\u00edctima de la violencia social. En el proceso, adem\u00e1s, privatizamos nuestra seguridad y nuestros espacios, intentando resguardarnos de &#8216;la ola criminal&#8217;, pero sin exigir o esperar mucho de las autoridades respecto a las causas y formas en que esta violencia se ha asumido.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la guerra social continuaba su onda expansiva con la complicidad del Estado, de los medios de comunicaci\u00f3n y de la llamada &#8216;sociedad civil&#8217;. Todo esto, por supuesto, sin mencionar las relaciones estructurales entre el narcotr\u00e1fico, la econom\u00eda, y la sociedad de consumo, que en los \u00faltimos tiempos se ha sostenido en buena medida por las transferencias federales y el efecto multiplicador que genera la industria del tr\u00e1fico de drogas, incluyendo de manera destacada el lavado de dinero que involucra a la banca y muchos negocios de &#8216;ciudadanos decentes&#8217;.<\/p>\n<p>Vale destacarse la representaci\u00f3n que construye este fen\u00f3meno de violencia social como un problema de &#8216;criminalidad&#8217;, que debe ser atendido eliminando el derecho a la fianza, aumentando las sentencias de c\u00e1rcel, imponiendo la pena de muerte, implantando toques de queda y con otras medidas represivas que se resumen en la noci\u00f3n de &#8216;Mano dura contra el crimen&#8217;. Esta estrategia, claramente, ha fracasado estrepitosamente. Como ha dicho Fernando Pic\u00f3:<\/p>\n<p>Ha sido la lucha misma contra la criminalidad la que ha infectado a este pa\u00eds. En esa lucha han sido nefastos los polic\u00edas corruptos, los tribunales perezosos e indiferentes, los legisladores caprichosos, los l\u00edderes c\u00edvicos hist\u00e9ricos, los programas inadecuados de atenci\u00f3n a los drogadictos, las c\u00e1rceles hacinadas y carentes de servicios, la prensa sensacionalista, los religiosos represivos, los abogados pusil\u00e1nimes, y la ciudadan\u00eda ab\u00falica. Ante estas violaciones de la dignidad humana, la ret\u00f3rica de la mano dura ha sido condescendiente. Por eso la confianza de los puertorrique\u00f1os en los tribunales, las leyes, los agentes del orden p\u00fablico y los legisladores est\u00e1 por el piso. Todo el mundo conoce a alguien que est\u00e1 preso injustamente. Nadie quiere ser testigo de nada, porque acaba siendo chantajeado por la propia polic\u00eda. Como no se conf\u00eda en la justicia del estado, prevalecen la venganza y los ajustes de cuentas personales. No es porque no ha habido mano dura contra el crimen que agobia hoy la violencia, sino porque lo \u00fanico que ha habido en los \u00faltimos quince a\u00f1os ha sido la mano dura.<\/p>\n<p>El discurso de la &#8216;mano dura&#8217; ha coexistido con la representaci\u00f3n construida por ciertos elementos religiosos fundamentalistas de esta violencia social como un problema &#8216;moral&#8217;. Se trata, afirma este discurso, de un problema del &#8216;mal&#8217; encarnado por &#8216;monstruos&#8217;, &#8216;demonios&#8217;, gente &#8216;mala&#8217; que deben ser condenados como productos malsanos de esta sociedad &#8216;materialista&#8217; (sic). M\u00e1s a\u00fan, hay otra modalidad de moralismo discursivo que reduce esta violencia social al problema del colonialismo, particularmente, a la enajenaci\u00f3n y la degradaci\u00f3n moral que este produce entre amplios sectores puertorrique\u00f1os. En este discurso, el colonialismo opera como una enfermedad cuyos s\u00edntomas se manifiestan en la violencia social que se desata en el pa\u00eds. Estos discursos contra la criminalidad han articulado \u2014junto a la cobertura espectacularizada de los medios que banaliza, v\u00eda la fascinaci\u00f3n macabra de la violencia social\u2014 las representaciones dominantes de esta violencia social en Puerto Rico.<\/p>\n<p>Ante esta situaci\u00f3n, cabe preguntarse, por qu\u00e9 esta guerra social no produce una respuesta pol\u00edtica, ni siguiera una discusi\u00f3n como la que se da frente a otros problemas pol\u00edticos, econ\u00f3micos y sociales del pa\u00eds. Por qu\u00e9 este fen\u00f3meno no logra &#8216;elevarse&#8217; a la categor\u00eda de lo pol\u00edtico? Por qu\u00e9 el asesinato de m\u00e1s de 1,000 personas en un a\u00f1o, en su inmensa mayor\u00eda j\u00f3venes procedentes de barriadas, caser\u00edos y de los sectores m\u00e1s pobres del pa\u00eds lo que parece provocar es una indiferencia c\u00f3mplice de nuestra sociedad y del Estado, denuncias moralizantes o espect\u00e1culo morboso? Por qu\u00e9 estos asesinatos no se consideran como un asunto que tiene que reconocerse y tratarse como un problema pol\u00edtico? Ser\u00e1 que es muy dif\u00edcil entramarlo como un relato consensual? Es decir, una narrativa que privilegia un relato moralizante, en el cual los &#8216;buenos&#8217; y los &#8216;malos&#8217;, las v\u00edctimas y los victimarios, el &#8216;nosotros&#8217; y el &#8216;ellos&#8217; est\u00e1n clara y f\u00e1cilmente delimitados. Ser\u00e1 qu\u00e9 los asesinatos de j\u00f3venes en los puntos de drogas est\u00e1n demasiado contaminados de complejidades; y las fronteras entre los buenos y los malos, las v\u00edctimas y los victimarios y el &#8216;nosotros&#8217; y el &#8216;ellos&#8217; no son tan claras o f\u00e1cilmente discernibles?<\/p>\n<p>Mi pregunta apunta a la jerarqu\u00eda que tienen ciertos asuntos que se elevan a &#8216;cuestiones pol\u00edticas&#8217; y son hipervisibilizados hasta la saturaci\u00f3n por los partidos, los medios, la &#8216;sociedad civil&#8217;, la intelectualidad, etc. (habr\u00e1 que nombrar cu\u00e1les son?) mientras otros son invisibilizados y silenciados de &#8216;lo pol\u00edtico&#8217;. Qu\u00e9 se hipervisibiliza y qu\u00e9 se invisibiliza y por qu\u00e9? Este asunto, entre otras cosas, tiene que ver con lo que pasa por discusi\u00f3n p\u00fablica en Puerto Rico. Y claro, tambi\u00e9n, con la sobre-representaci\u00f3n discursiva de ciertos sectores en esa esfera de la discusi\u00f3n p\u00fablica y en la determinaci\u00f3n de qu\u00e9 es &#8216;lo pol\u00edtico&#8217;.<\/p>\n<p>El problema entonces es que esta &#8216;guerra social&#8217; no se reconoce como un conflicto social que implica un desaf\u00edo \u00e9tico-pol\u00edtico. Es cierto que la gente no se moviliza en contra de problemas gen\u00e9ricos (no creo que este sea un problema gen\u00e9rico, lo he caracterizado como un tipo de &#8216;guerra social&#8217;). Pero los males sociales se articulan como problemas pol\u00edticos: el desempleo, la educaci\u00f3n, la salud, el medioambiente, el racismo, etc. La pregunta es, por qu\u00e9 esta guerra social no logra articularse como un problema pol\u00edtico? C\u00f3mo se articula o construye &#8216;lo pol\u00edtico&#8217;? Por qui\u00e9nes? Para qu\u00e9? Son algunas de las interrogantes que me plantean la invisibilidad de esta guerra social.<\/p>\n<p>La guerra social no solo se invisibiliza, en tanto tal, sino que deviene en un fen\u00f3meno que no se considera &#8216;pol\u00edtico&#8217; como tal. Por un lado, vale recordar que en Puerto Rico en gran medida lo pol\u00edtico sigue siendo aquello que tiene que ver con el &#8216;status&#8217; de la isla. Seg\u00fan Francoise Gaillard, &#8216;estar excluido es estar fuera del campo de visibilidad. Propongo, siguiendo este se\u00f1alamiento, que el paradigma tradicional de la pol\u00edtica puertorrique\u00f1a, el &#8216;status&#8217;, que se basa en la noci\u00f3n de &#8216;consenso nacional&#8217;, no solo excluye, sino que invisibiliza &#8216;lo social&#8217; que no por pura coincidencia ha desaparecido o se ha marginado del discurso pol\u00edtico del pa\u00eds. La &#8216;cuesti\u00f3n nacional&#8217;, que se reduce a la cuesti\u00f3n del &#8216;status&#8217;, ha invisibilizado o subsumido lo que se conoc\u00eda como &#8216;la cuesti\u00f3n social&#8217;, que remite al problema de la desigualdad social y econ\u00f3mica y todos los procesos vinculados a esto en el capitalismo contempor\u00e1neo, incluyendo la violencia de la guerra social que acontece en la isla. En tal sentido, esta guerra es un fen\u00f3meno &#8216;pol\u00edtico&#8217; solo para aquellos que la consideran como un producto directo del colonialismo, es decir, los que postulan que la causa de este problema es la colonia. Esta concepci\u00f3n de &#8216;lo pol\u00edtico&#8217; resulta ser profundamente problem\u00e1tica por lo reduccionista de ella y por todo lo que excluye de lo propiamente pol\u00edtico. Esto es, todo un universo de conflictos y antagonismo que no se reducen ni subsumen a la pol\u00edtica del status, ni al moralismo que pretende pasar por discurso pol\u00edtico. De este modo, no solo invisibiliza, sino que despolitiza los conflictos sociales, como la guerra social que se produce a partir del narcotr\u00e1fico. Pero mientras el uso y distribuci\u00f3n de las drogas siga criminalizado y el narcotr\u00e1fico sea la forma m\u00e1s eficaz de movilidad social de j\u00f3venes sin futuro ni lugar en una sociedad capitalista cada vez m\u00e1s marcada por la desigualdad social y econ\u00f3mica, la guerra social continuar\u00e1. El reto es transformar esta &#8216;guerra&#8217; en un conflicto pol\u00edtico en torno al cual se puedan negociar soluciones pol\u00edticas, comenzando con la descriminalizaci\u00f3n de las drogas y con la implementaci\u00f3n de pol\u00edticas de igualdad econ\u00f3mica y justicia social. Este ser\u00eda un primer paso para enfrentar la tanatopol\u00edtica que impera en la contemporaneidad.<\/p>\n<p><em>*El autor es es profesor de Historia de la Universidad de Puerto Rico. Este ensayo es parte del libro titulado Despu\u00e9s de la posmodernidad: intervenciones incidentales, que ser\u00e1 publicado pr\u00f3ximamente. Versi\u00f3n con anotaciones en <a href=\"http:\/\/www.80grados.net\/una-guerra-social-invisible\/\">80 Grados<\/a>.<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante las \u00faltimas decadas ha habido en Puerto Rico un aumento impresionante en los asesinatos, particularmente de j\u00f3venes. Sin embargo, este fen\u00f3meno de violencia social no ha logrado articularse como un problema pol\u00edtico; por el contrario, parece haberse naturalizado e invisibilizado. 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