{"id":85783,"date":"2014-04-11T08:49:34","date_gmt":"2014-04-11T12:49:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.noticel.com\/80-grados\/blogs\/opiniones\/20140411\/santurce-y-las-voces-de-su-gente\/"},"modified":"2025-07-16T01:03:14","modified_gmt":"2025-07-16T01:03:14","slug":"santurce-y-las-voces-de-su-gente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticel.com\/en\/opiniones\/20140411\/santurce-y-las-voces-de-su-gente\/","title":{"rendered":"Santurce y las voces de su gente"},"content":{"rendered":"<p>El pasado 27 de marzo, respondiendo a la solicitud del Dr. Fernando Pic\u00f3 y por invitaci\u00f3n de la Universidad del Turabo, tuve el privilegio de presentar: Santurce y las Voces de su Gente, el m\u00e1s reciente libro del padre jesuita y doctor Fernando Pic\u00f3. A la luz del quebranto de salud sufrido por este esa misma tarde, no puedo menos que compartir -como tributo- con los lectores de 80grados dicha presentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de los a\u00f1os, Fernando Pic\u00f3, ha compartido con nosotros una serie de escritos sobre diversos pueblos y comunidades de Puerto Rico. No pensemos que escribi\u00f3 un libro sobre Santurce por haber nacido all\u00ed. Casual o intencionalmente entre sus aproximados 30 libros se encuentran: el Registro General de Jornaleros de Utuado 1849-50, Vivir en Caimito, San Fernando de la Carolina: Identidades y Representaciones, Cayeyanos: Familias y Solidaridades en la Historia de Cayey, Jayuya al Centro y Ponce y los Rostros Rayados: Sociedad y Esclavitud, 1800-1830, entre otros. En su nueva obra dirige su mirada a una comunidad muy importante y conocida que lleg\u00f3 a ser representativa de una \u00e9poca muy particular en nuestra historia: el Santurce de los a\u00f1os 30, 40 y 50 del pasado siglo.<\/p>\n<p>El libro, publicado por Ediciones Hurac\u00e1n y auspiciado por el Municipio de San Juan, contiene 223 p\u00e1ginas. Est\u00e1 compuesto por un prefacio, diez cap\u00edtulos, una bibliograf\u00eda y una serie de fotograf\u00edas que nos remontan al pasado. No est\u00e1 organizado cronol\u00f3gicamente, sino tem\u00e1ticamente. Para encontrar las voces de los santurcinos, Pic\u00f3 recurre a tres fuentes principales: los censos del gobierno de Estados Unidos de 1930 y 1940, los peri\u00f3dicos de la \u00e9poca y los libros de novedades de la polic\u00eda de Puerto Rico. Esta \u00faltima fuente se ha convertido en una de las favoritas del autor; ha sido utilizada por Pic\u00f3 en investigaciones anteriores. En est\u00e1 ocasi\u00f3n la consulta nuevamente para abrir una ventana a la vida cotidiana de los residentes de los diferentes sectores de Santurce desde Barrio Obrero, el Fanguito, Shangai y Tras Talleres hasta Miramar y el Condado.<\/p>\n<p>En su primer cap\u00edtulo: Representaciones de Santurce, el autor realiza un balance historiogr\u00e1fico. Pic\u00f3 se\u00f1ala en este cap\u00edtulo que en la historiograf\u00eda de Santurce hay una fase municipal independiente y otra fase como territorio anexo de San Juan. Nos recuerda que San Mateo de Cangrejos fue formado por esclavos fugitivos, en su mayor\u00eda de la Antillas Menores, a quienes durante el siglo XVII se le reconoci\u00f3 su libertad a cambio de fidelidad al Rey y de convertirse al cristianismo. En el 1774 es reconocido como un partido independiente. Sin embargo, Cangrejos pierde finalmente su existencia municipal independiente en 1862 cuando fue anexada a la capital.<\/p>\n<p>De sus barrios, Hato Rey fue cedido a R\u00edo Piedras y Cangrejos Arriba -hoy Isla Verde- al reci\u00e9n fundado municipio de Carolina. Sin embargo, con este libro el autor no pretende hacer una historia de Santurce que cubra desde el siglo XVII hasta nuestros d\u00edas. Su intenci\u00f3n es representar a Santurce en su momento de auge urbano y enmarca su estudio principalmente en el periodo de 1930 al 1950. Durante estas d\u00e9cadas Santurce r\u00e1pidamente se transform\u00f3 en la parte de mayor poblaci\u00f3n de la Capital y manifest\u00f3 enorme vitalidad econ\u00f3mica. Para el censo de 1940, de los 169,275 habitantes de San Juan, Santurce contaba con 133,091; o sea, m\u00e1s del 75% de la poblaci\u00f3n de la principal ciudad de Puerto Rico. Ya para 1950 en Santurce viv\u00eda el 87% de la poblaci\u00f3n de San Juan.<\/p>\n<p>En el Cap\u00edtulo 2: Qui\u00e9nes son los Santurcinos?, m\u00e1s que abordar sobre la diversa poblaci\u00f3n de Santurce, Pic\u00f3 nos describe c\u00f3mo los pobladores tradicionales van a compartir el antiguo territorio del municipio con la gente que se alleg\u00f3 a San Juan una vez que el tranv\u00eda de Pablo Ubarri hizo posible separar el lugar de trabajo del residencial. C\u00f3mo fue la interacci\u00f3n entre los cangrejeros y los nuevos transe\u00fantes? Ese es uno de los cuestionamientos fundamentales del cap\u00edtulo. La respuesta es visible, en la Ponce de Le\u00f3n, llamada as\u00ed desde 1912, se establecieron los profesionales, industriales, comerciantes y sus familias extendidas. En el Alto del Cabro se agregaron familias de trabajadores y artesanos. Miramar agrup\u00f3 a continentales y criollos desde los inicios del siglo XX.<\/p>\n<p>El Condado, gracias al puente construido por los hermanos Behn, dej\u00f3 de ser tierra de guayabales, uvas playeras y hasta de manglares para convertirse en el oasis de los acomodados y prominentes. La interacci\u00f3n entre Cangrejeros y gente de Puerta de Tierra, Bayam\u00f3n, Corozal, Guaynabo, R\u00edo Piedras, Caguas, Cayey, Coamo, Humacao y Naguabo, tuvo tonos racistas. Se autodenominaron como los &#8216;naturales&#8217; y &#8216;los de afuera&#8217; aunque eran de la misma Isla. Algunos fueron llamados &#8216;negros sucios&#8217; y otros &#8216;j\u00edbaros ignorantes&#8217;, a estos se les unen los estadounidenses, los caribe\u00f1os, los iberoamericanos, los antiguos y nuevos espa\u00f1oles, los dem\u00e1s europeos, los sirios-libaneses y hasta los chinos y filipinos.<\/p>\n<p>Condado c. 1910 (2)<\/p>\n<p>Condado cerca del 1910.<\/p>\n<p>El libro nos presenta, con sencillez y a trav\u00e9s de ejemplos, c\u00f3mo los cangrejeros no necesariamente aceptaron con facilidad al otro y menos a\u00fan que fueran a participar o ver sus bailes. Como ejemplo, se cita el caso de Ram\u00f3n Rodr\u00edguez Soto, blanco, de 23 a\u00f1os y natural de Coamo. El 8 de abril fue agredido a pu\u00f1os en la calle Esquil\u00edn esquina Tapia &#8216;frente a un baile&#8217;, los naturales le causaron un fuerte golpe en el ojo derecho y una fuerte contusi\u00f3n en el labio superior, tambi\u00e9n perdi\u00f3 su cartera con 11 d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Hay que resaltar que en el periodo en cuesti\u00f3n, la mayor parte de la gente influyente de Puerto Rico resid\u00eda en Santurce. El propio Luis Mu\u00f1oz Mar\u00edn, quien se afincar\u00eda un tiempo en Isla Verde, tuvo un periodo de residencia en Santurce. Los jueces del Tribunal Supremo, algunos abogados, los empresarios de los cines y clubes nocturnos, los banqueros, la mayor\u00eda vivieron en Santurce. No obstante, estos carecen de importancia dentro del escrito.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 3: En qu\u00e9 se ocupan?, el profesor Pic\u00f3 estudia, mediante las ocupaciones, la formaci\u00f3n de identidad de los santurcinos. En el Santurce de 1930 y 1940 las identidades ocupacionales no fueron fijas. Por ejemplo, nos presenta el caso de Nicasio Ayala, quien en el censo de 1930 aparece como chofer y luego en el de 1940 es criador de cerdos. Como bien se\u00f1ala el autor en su libro, se esperar\u00eda que en una progresi\u00f3n lineal Nicasio fuera primero criador de cerdos y luego chofer, pero no vivimos vidas lineales. Hoy muchos dir\u00edan que Ayala simplemente se reinvent\u00f3 ante los embates de la crisis econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>En el mismo cap\u00edtulo, el profesor Pic\u00f3 hace una descripci\u00f3n de los oficios donde el peque\u00f1o comerciante vendedor ambulante se convirti\u00f3 en la figura protag\u00f3nica. Utilizando la imagen de los vendedores ambulantes el autor nos remonta al Santurce de los a\u00f1os 1930 y 40, donde encontramos un hervidero de gente ocupando las calles. Las carretas, carretones, carritos, caballos, puestos y vendedores ambulantes son los que m\u00e1s se destacan en el cap\u00edtulo. Van por la calle Lo\u00edza, las calles de Villa Palmeras y Barrio Obrero, por las calles que dan a la Fern\u00e1ndez Juncos, por Tras Talleres y la calle Cerra; van y vienen los vendedores de cocos, mondongo, dulces y fritangas; los pirag\u00fceros, los que cambian chinas por botellas, los amoladores, los que venden escobas y escobillones; los que venden refrescos y los que arreglan muebles. Cada cual avanzaba con su preg\u00f3n, el amolador con su flauta, los vendedores de la loter\u00eda cantando sus n\u00fameros, el que vende berenjenas, batatas, \u00f1ames, guine\u00edtos ni\u00f1os, yaut\u00edas y huevos del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Pic\u00f3 recrea vivazmente en su libro la vida de los vendedores ambulantes en Santurce. Cu\u00e1nto podr\u00edan ganar? C\u00f3mo visten y cu\u00e1les son sus trucos publicitarios? Llevan sombreros de paja porque pasaban sus d\u00edas al sol; en esa \u00e9poca no hab\u00eda acceso a los bloqueadores solares. Las camisas eran de manga larga y los pantalones kakis. Eran habladores y un tanto chismosos porque esa era parte de su estrategia de venta. En cada ruta descubrieron sus sitios de apoyo, la do\u00f1a que gustaba de chayotes los martes, la sirvienta que buscaba hablar de gente de su pueblo y el viejito que compraba si lo escuchas un rato.<\/p>\n<p>El dulcero era el m\u00e1s artero de todos. Con su gran batea sobre la cabeza espiaba a los ni\u00f1os en las aceras y pregonaba con aplomo los merengues, mantecaditos, brazos gitanos, polvorones, coquitos y budines hasta que la se\u00f1ora sal\u00eda al balc\u00f3n y entonces exhib\u00eda su mercanc\u00eda. Los ni\u00f1os entusiasmados ped\u00edan a gritos sus dulces. Pic\u00f3 resalta el caso de Juan Hern\u00e1ndez G\u00f3mez alias &#8216;El Canario&#8217;, a quien el 9 de diciembre de 1938 una guagua le choc\u00f3 su carrito de mano de tres ruedas en la calle Mu\u00f1oz Rivera esquina Betances que conten\u00eda los dulces para la venta. La guagua se dio a la fuga, el carrito result\u00f3 con un cristal roto y 125 dulces (valorados en $1.25) quedaron inservibles.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se destacan los vendedores de refrescos y los pirag\u00fceros a quienes les ganaba el cansancio por tanto empujar su carrito y nombrar todos los sabores. Curiosamente, el pirag\u00fcero ser\u00eda el \u00faltimo en desaparecer del escenario callejero.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s est\u00e1n los comerciantes con tiendas fijas. No se trata del comercio sanjuanero, nos explica el historiador. Los comercios de la Ponce de Le\u00f3n surt\u00edan a la poblaci\u00f3n de cosas sencillas con sus tiendas de ropa, telas, enseres del hogar, farmacias y ferreter\u00edas. Para la d\u00e9cada de 1940 ya se integraron las joyer\u00edas y muebler\u00edas. Los due\u00f1os y administradores en su mayor\u00eda eran espa\u00f1oles o sanjuaneros con algunos libaneses levantando cabeza. Tambi\u00e9n estaban los panaderos, los bancos, algunos hospitales, las escuelas p\u00fablicas y privadas; as\u00ed como: los abogados, los ingenieros, los periodistas, los cines y las secretarias.<\/p>\n<p>De Barrio Obrero a la 15, un paso es\u2026, t\u00edtulo del cap\u00edtulo 4. Perderse en Santurce no era problema siempre y cuando te encontraras con un santurcino. Como se\u00f1ala el autor, hasta el d\u00eda de hoy estos son quienes conocen d\u00f3nde est\u00e1n las paradas: la 15, la 18, la 22 o la 26.<\/p>\n<p>En este cap\u00edtulo convergen el &#8216;trolley&#8217; y el tren que llegaba por la costa hasta Mayag\u00fcez y Ponce. Luego lleg\u00f3 el irremediable avance del autom\u00f3vil, atropellando a unos y desautorizando a otros. Los agentes del orden p\u00fablico primero protegieron a los de la calle, pero luego los hostigan y los denuncian.<\/p><div class=\"notic-content-middle\" id=\"notic-2707370979\"><a data-no-instant=\"1\" href=\"https:\/\/www.asegurate-bien.com\/\" rel=\"noopener\" class=\"a2t-link\" target=\"_blank\" aria-label=\"Acodese Noticel_JUL-AGO 970&#215;90\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/cdn.noticel.com\/2026\/07\/30145249\/Acodese-Noticel_JUL-AGO-970x90-1.png\" alt=\"\"  srcset=\"https:\/\/cdn.noticel.com\/2026\/07\/30145249\/Acodese-Noticel_JUL-AGO-970x90-1.png 970w, https:\/\/cdn.noticel.com\/2026\/07\/30145249\/Acodese-Noticel_JUL-AGO-970x90-1-300x28.png 300w, https:\/\/cdn.noticel.com\/2026\/07\/30145249\/Acodese-Noticel_JUL-AGO-970x90-1-768x71.png 768w, https:\/\/cdn.noticel.com\/2026\/07\/30145249\/Acodese-Noticel_JUL-AGO-970x90-1-18x2.png 18w\" sizes=\"(max-width: 970px) 100vw, 970px\" width=\"970\" height=\"90\"   \/><\/a><\/div>\n<p>La cantidad de accidentes como consecuencia del uso del Trolley, hizo que prevaleciera el reclamo para su eliminaci\u00f3n en 1946. El tren tambi\u00e9n confront\u00f3 inconvenientes. El 14 de enero de 1940, a las 6:00pm, en la parada 26 1\/2 el tren atropell\u00f3 al mudo Jes\u00fas Mar\u00eda Rivera, trigue\u00f1o de 32 a\u00f1os. Las guaguas para entonces llevaban la mayor parte de los pasajeros que se trasladaban a trabajar, a comprar o a reclamar servicios en las agencias p\u00fablicas, que estuvieron concentradas en San Juan. La &#8216;White Star Bus Line&#8217; domin\u00f3 entonces la trasportaci\u00f3n p\u00fablica en Santurce. Las condiciones de trabajo de sus choferes no fueron f\u00e1ciles. Los choferes no solo ten\u00edan turnos largos, sino que las guaguas carec\u00edan de mantenimiento y a se averiaban. La pesadilla de los choferes eran los muchachos que se colgaban de la parte de atr\u00e1s de la guagua y de vez en cuando ca\u00edan al pavimento. Tambi\u00e9n estaban los choferes de carros p\u00fablicos, de taxis y los de familias particulares. Junto a estos estaban los mensajeros, que usualmente se trasladaban por el vecindario en bicicleta.<\/p>\n<p>Un elemento sorprendente en las partidas de los censos para la primera mitad del siglo XX en Santurce es la proporci\u00f3n de residencias con personas dedicadas al servicio dom\u00e9stico. La mayor\u00eda de las sirvientas proced\u00edan de la llamada isla. A veces eran tra\u00eddas a la ciudad a los 14 \u00f3 15 a\u00f1os y no se acostumbraban, quiz\u00e1s a su oficio, a la vida santurcina o ambas. En algunos casos la sirvienta se desaparec\u00eda porque se fugaba con un novio; en otros casos desaparec\u00edan por disgustos que hab\u00edan tenido en la casa. En este cap\u00edtulo tambi\u00e9n se nos presenta la vida de los barrenderos, los limpiadores de letrinas y pozos muros, los trabajadores agr\u00edcolas y los carboneros. En 1935 el vendedor ambulante de carb\u00f3n, Flor Ru\u00edz, de 23 a\u00f1os, se ahorc\u00f3 en una carbonera en la calle Monserrate. Se sabe que viv\u00eda en completa miseria debido a lo poco que ganaba para sustentarse.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 5 se elabora uno de los temas medulares del libro. Pic\u00f3 dedica esta secci\u00f3n a Los Transgresores. La transgresi\u00f3n es la violaci\u00f3n de un precepto, una ley o una norma, que igualmente se representan, eval\u00faan y castigan dependiendo de la \u00e9poca. Como bien se\u00f1ala el autor, las identidades de la gente tambi\u00e9n se fijan por sus trasgresiones.<\/p>\n<p>Dentro de esta teorizaci\u00f3n de la transgresi\u00f3n entra la realidad santurcina. Ser un transgresor en el Santurce de 1930 a 1950 implicaba sentarse sobre las verjas. Es as\u00ed como a partir de 1934 hay una racha de denuncias y arrestos de j\u00f3venes que se sentaban sobre las verjas bajas de las casas frente a la Ponce de Le\u00f3n, la Fern\u00e1ndez Juncos, la Ashford y otras calles principales. Otros fueron transgresores por vender chicles en los alrededores de los cines. Y algunos tantos por agarrase a las guaguas y &#8216;trolleys&#8217;, todo por no pagar el viaje. Ser m\u00fasico sin licencia tambi\u00e9n representaba un delito.<\/p>\n<p>El 25 de septiembre de 1947 cerca de Tras Talleres se dio el arresto de seis hombres que se dedicaban a dar serenatas sin licencia y se les ocup\u00f3 dos guitaras, dos maracas y un cacharro con p\u00faa. Adicional, compaginan en Santurce otras transgresiones, como: abrir los negocios en d\u00edas feriados, quienes construyen ilegalmente, los que fabrican y venden ron ca\u00f1ita y la vida airada o prostituci\u00f3n. Tambi\u00e9n exist\u00edan los depredadores sexuales, adultos que abusan de menores a cambio de unas pesetas. Nos dice el autor que son varios los casos como este en los libros de novedades de la polic\u00eda. Ocasi\u00f3n que aprovecha para se\u00f1alar: &#8216;La ilusi\u00f3n de que el pasado era inocente e ingenuo muchas veces se desvanece cuando uno se topa con estos asuntos y se percata de cu\u00e1n vulnerables siempre han sido los ni\u00f1os&#8217;.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los transgresores est\u00e1n las &#8216;identidades atribuidas&#8217;. Hab\u00eda personas que se identificaban por su lugar de nacimiento, por su ocupaci\u00f3n o por sus rasgos f\u00edsicos; pero en otros casos las identidades fueron impuestas por el resto de la comunidad o al menos atribuidas por un sector de ella. Los tuberculosos, el borracho, el loco, el viejo senil son discutidos en el cap\u00edtulo 6.<\/p>\n<p>Los t\u00edteres ocupan un lugar especial en el libro, particularmente dentro de este cap\u00edtulo. El profesor bien nos explica que &#8216;t\u00edtere&#8217; es una palabra que la elite santurcina de mediados del siglo XX maneja arbitrariamente para referirse a esos &#8216;otros&#8217; que est\u00e1n en los m\u00e1rgenes de su percepci\u00f3n social. Generalmente se aplicaba a adolescentes trigue\u00f1os. Si eran ni\u00f1os se les identificaba como &#8216;titeritos&#8217;. Sin embargo, la connotaci\u00f3n no era exclusivamente racial, pues lleg\u00f3 a aplicarse en una \u00e9poca en que la gente de tez blanca de la monta\u00f1a abarrot\u00f3 los arrabales. Los t\u00edteres simplemente no pertenec\u00edan al mismo c\u00edrculo social, eran un peligro para la propiedad y pod\u00edan contagiar a los hijos de la gente de bien. Para los libros de novedades de la polic\u00eda, la palabra se prest\u00f3 para m\u00faltiples usos. El t\u00edtere pod\u00eda ser un ratero, alguien da\u00f1ino y vengativo, alguien que merodeaba, un muchacho que juega en un solar vac\u00edo o un adolescente mal vestido.<\/p>\n<p>Adicional estaba el veterano. M\u00e1s all\u00e1 de sus derechos y prerrogativas en los estatus federales, el veterano en la d\u00e9cada de 1930 en Puerto Rico figuraba como un personaje social. Luego de 1945 inici\u00f3 una rivalidad entre los veteranos de la Primera y la Segunda Guerra Mundial que sacudi\u00f3 a sus organizaciones. Tambi\u00e9n en este cap\u00edtulo se discuten los ni\u00f1os realengos, los comandos y los suicidas.<\/p>\n<p>La Plaza del Mercado, los Nacionalistas, la palestra electoral, los v\u00ednculos religiosos y espiritistas, no pod\u00edan faltar. En el cap\u00edtulo 7, C\u00f3mo se relacionan?, se presenta la relaci\u00f3n y correlaci\u00f3n entre estos. Sin duda, uno de los s\u00edmbolos m\u00e1s tradicionales de Santurce es la Plaza del Mercado. Adem\u00e1s de cumplir sus funciones b\u00e1sicas, es desde los inicios de su historia un centro social, donde se come, se bebe y en cuyos alrededores tambi\u00e9n se baila. As\u00ed mismo, era tambi\u00e9n un lugar para mercadear lo hurtado. All\u00ed se aprovechaba el espacio para repartir hojas sueltas, religiosas; anuncios de eventos, marchas y manifestaciones. Como se\u00f1ala el autor, Santurce no estaba exento de la vida pol\u00edtica. Las distintas partes de Santurce vivieron la pol\u00edtica electoral de las d\u00e9cadas de 1930 y 1940. Los nacionalistas ten\u00edan sus simpatizantes en Villa Palmera y en algunas otras zonas de la ciudad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en este cap\u00edtulo el autor aborda uno de los grandes mutis en la historiograf\u00eda puertorrique\u00f1a, las representaciones de las relaciones homosexuales. All\u00ed en el Santurce de 1930 y 1940 se conjugan los oficiales de la polic\u00eda tratando de disimular lo obvio. Como ejemplo, el profesor Pic\u00f3, nos presenta el arresto de Mart\u00edn Calder\u00edn Falgas y Ventura P\u00e9rez Rivera, quienes desordenaban con frases indecorosas y a la vez se besaban y abrazaban en forma pasional en el Cine Imperial.<\/p>\n<p>En este cap\u00edtulo tambi\u00e9n se inserta el tema de los deportes y los famosos cangrejeros de Santurce. Para 1940 Santurce compiti\u00f3 con sus eternos rivales, los senadores de San Juan, pero tambi\u00e9n estaban en puga con los Criollos de Caguas-Guayama, los leones de Ponce, los tigres de Aguadilla y los Indios de Mayag\u00fcez. El auge del beisbol y la escasez de \u00e1reas recreacionales figuraron como un problema cotidiano. El deporte no solo era algo que se practicaba, sino tambi\u00e9n era una afici\u00f3n de espectadores y radioescuchas.<\/p>\n<p>Los Calendarios Santurcinos es el t\u00edtulo del cap\u00edtulo 8. Los habitantes de Santurce construyeron sus propios tiempos, fechas y celebraciones. Desde el gobierno de Theodore Roosevelt hijo, la tradicional fiesta de Reyes volvi\u00f3 a ser un d\u00eda de fiesta oficial y Santurce la celebraba con ganas. Santurce tambi\u00e9n aprendi\u00f3 a prolongar sus Navidades con las octavas y octavitas. El calendario civil no reconoc\u00eda San Valent\u00edn; eso era asunto de algunas escuelas privadas. El D\u00eda del Trabajo, primer lunes despu\u00e9s del primero de septiembre era para recordar a Santiago Iglesias y tratar de enardecer el vacilante movimiento obrero.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n estaba el calendario escolar que en agosto integraba el &#8216;back to school&#8217;. Los santurcinos celebraban el D\u00eda de la Raza, el Descubrimiento de Puerto Rico, el D\u00eda de Acci\u00f3n de Gracias y hasta los famosos d\u00edas de &#8216;Field Days&#8217;. Pic\u00f3 tambi\u00e9n destaca los calendarios religiosos de Santurce. La Navidad y Semana Santa sol\u00edan ser las fechas m\u00e1s importantes dentro de estos. Adicional estaban los calendarios comerciales y familiares.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 9, el autor escribe sobre Los &#8216;Imaginarios&#8217; Santurcinos. Los miedos, las aspiraciones, los conflictos, las solidaridades, los prejuicios, los gustos, los valores y las necesidades se manifestaban a trav\u00e9s del cine, la prensa, la radio, el trato diario y el chisme. Los estereotipos, las visiones del poder, los g\u00e9neros y las conductas &#8216;marginales&#8217; son analizadas como elemento de las visiones del mundo de los residentes.<\/p>\n<p>Hay muchos otros temas que el autor recoge y trabaja en el texto con esmero en los detalles y que ser\u00edan imposibles de abordar en esta breve rese\u00f1a. Con el uso de los informes de la polic\u00eda, Pic\u00f3, a trav\u00e9s de todo el libro describe con nombres y apellidos, no tan solo los sucesos cotidianos sino las visiones del mundo y las interpretaciones del diario vivir tanto de los &#8216;violadores de la ley&#8217; como de aquellos que la redactan y la hacen cumplir.<\/p>\n<p>En este texto, el distinguido historiador nos permite conocer algunos de los elementos que conforman las voces de los santurcinos y a la misma vez nos invita a examinar las m\u00faltiples voces, muchas veces silenciadas, que componen nuestra sociedad del siglo XXI. Invita adem\u00e1s, a conocer y reconocer las identidades cambiantes, transformadas y din\u00e1micas. A su vez, nos sugiere desechar toda idea y noci\u00f3n de que alguna vez hubo una edad de oro perfecta. Pic\u00f3 nos alerta sobre ese sentimiento com\u00fan de que antes las cosas eran distintas y en cierto sentido mejores; nos recuerda que al igual que ahora distaban mucho de ser perfectas.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, Santurce y las Voces de su Gente, nos describe un panorama que representa la complejidad social, racial, \u00e9tnica, laboral de la sociedad puertorrique\u00f1a que poco a poco se urbaniza entre las d\u00e9cadas de 1930 a 1950. Unos lo llaman modernidad, otros americanizaci\u00f3n, pero quiz\u00e1s es simplemente urbanismo. Esta historia de una porci\u00f3n representativa de la capital expone la complejidad urbana y social de Santurce durante las dos d\u00e9cadas que dur\u00f3 su auge urbano y represent\u00f3 las aspiraciones modernas del Puerto Rico norteamericano. Sus protagonistas son los t\u00edteres, los cuida-carros, los que se sientan en verjas ajenas por las noches para hablar, cantar o contar chistes, y por eso eran arrestados; los que transgreden las ordenanzas municipales saliendo sin camisa a la calle o emborrach\u00e1ndose y vagando por las aceras. Las protagonistas tambi\u00e9n son los que van y vienen, los transe\u00fantes temporeros. Las sirvientas, que en su poco tiempo libre, chismean en las esquinas o simplemente se besan por primera vez con alg\u00fan novio. Los que construyen casas clandestinas, los que ponen petardos en A\u00f1o Nuevo y los que trasiegan con bolita y ron ca\u00f1ita. Esos mismos, los marginados, aqu\u00ed son los protagonistas.<\/p>\n<p>Ahora solo nos resta desearle una pronta recuperaci\u00f3n y esperar para ser testigos de su pr\u00f3ximo libro.<\/p>\n<p><em>*El autor es doctor en Filosof\u00eda con especialidad en Historia de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de R\u00edo Piedras. Tomado de <a href=\"http:\/\/80grados.net\">80 Grados<\/a>.<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pasado 27 de marzo, respondiendo a la solicitud del Dr. Fernando Pic\u00f3 y por invitaci\u00f3n de la Universidad del Turabo, tuve el privilegio de presentar: Santurce y las Voces de su Gente, el m\u00e1s reciente libro del padre jesuita y doctor Fernando Pic\u00f3. 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