{"id":71475,"date":"2015-12-12T00:00:00","date_gmt":"2015-12-12T04:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.noticel.com\/80-grados\/blogs\/opiniones\/20151212\/las-pocas-palabras\/"},"modified":"2025-08-16T19:30:43","modified_gmt":"2025-08-16T19:30:43","slug":"las-pocas-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticel.com\/en\/opiniones\/20151212\/las-pocas-palabras\/","title":{"rendered":"Las pocas palabras"},"content":{"rendered":"<p>No vengo de una familia con un gran vocabulario, las palabras eran escasas a veces, y de cuando en cuando cargadas de sarcasmo. Pero as\u00ed conoc\u00ed el mundo, con aquellas palabras que no abundaban, pero suficientes para entender la vida, a nosotros mismos y nuestro lugar en aquel mundo. Las palabras nos defin\u00edan, nos constru\u00edan como gente t\u00edmida, como una familia que fuera del hogar ten\u00eda que hacer un esfuerzo para hacerse entender. Como cuando los puertorrique\u00f1os vamos a otros pa\u00edses latinoamericanos o a Espa\u00f1a y modificamos nuestra forma de hablar para que nos entiendan.<\/p>\n<p>Somos un pa\u00eds de palabras cortadas, peque\u00f1as, limitadas, como la isla que habitamos. Somos un pueblo de poco explicar y de mucho entender.<\/p>\n<p>Desde peque\u00f1o, las palabras eran algo m\u00e1gico. Pero no eran el \u00fanico signo para entender el mundo. Los \u00e1rboles ten\u00edan su color y su forma, tambi\u00e9n hablaban sobre qu\u00e9 fruto daban, mientras que el sonido de sus hojas nos dec\u00eda por d\u00f3nde andaba el viento. Las monta\u00f1as eran azules y verdes, altas. Para m\u00ed, eran lo m\u00e1s cercano a la inmensidad. All\u00ed, pensaba, viv\u00edan los truenos y el eco. Los truenos eran grandes rocas que se desprend\u00edan de los montes y que en cualquier momento pod\u00edan, pensaba yo, aplastar nuestra casa. Siempre les he temido y la ciencia que hoy conozco no aplaca ese temor primitivo. El eco era un fen\u00f3meno asombroso que repet\u00eda gritos, como un gigante que copiaba los sonidos y los nombres. Luis gritaba yo, y el gigante lo repet\u00eda. El cielo ten\u00eda su propio lenguaje y las nubes eran signos donde habitaban la lluvia, Dios, la Virgen y los difuntos de mi abuela. A mi abuela le gustaba mirar el cielo. Ella era quien mejor lo entend\u00eda en casa. &#8216;Va a llover mucho&#8217;, dec\u00eda, &#8216;va a llover por la tarde&#8217;, &#8216;ma\u00f1ana har\u00e1 calor.&#8217; &#8216;Se est\u00e1 casando una bruja&#8217;, &#8216;la Virgen est\u00e1 llorando&#8217;. Era adem\u00e1s su \u00e1lbum de difuntos.<\/p>\n<p>Gustaba sentarse en el balc\u00f3n, cuando las nubes abundaban y dec\u00eda, &#8216;mira esa que est\u00e1 all\u00ed, tiene la forma de la cara del difunto Josu\u00e9&#8217;, su hijo adorado que muri\u00f3 cuando yo no ten\u00eda memoria. Yo miraba la nube e imaginaba que mi t\u00edo Josu\u00e9 deb\u00eda tener una barba blanca como la de Dios. Tambi\u00e9n ve\u00eda las manos de su abuela, a quien siempre ella llam\u00f3 Mami. &#8216;Si miras bien&#8217;, dec\u00eda, &#8216;ver\u00e1s sus dedos, yo los veo claritos, como diciendo adi\u00f3s.&#8217; Yo miraba y no ve\u00eda los dedos, pero dec\u00eda que s\u00ed, que all\u00ed estaban. A veces, las nubes eran como las letras, las que a\u00fan no entend\u00eda pero los adultos conoc\u00edan.<\/p>\n<p>Mi familia se divid\u00eda en dos: el mundo apalabrado de las mujeres de la casa y el silencio de los hombres cuando llegaban del trabajo.<\/p>\n<p>Abuela, Mami y mis t\u00edas hablaban todo el tiempo entre s\u00ed. Como Dios en el Ed\u00e9n, no quedaba cosa sin nombrarse. Aprend\u00ed con ellas que tambi\u00e9n las palabras pod\u00edan tener m\u00e1s de un significado. Que as\u00ed de poderosas eran. El coraz\u00f3n era una fruta pulposa que mis t\u00edas adoraban, igualmente era un barrio donde viv\u00eda Johnny, el hermano mec\u00e1nico de mi abuela, por all\u00e1 en Guayama, incluso era algo que ten\u00edamos en el pecho y que si paraba de latir era que est\u00e1bamos muertos. Era adem\u00e1s, una cajita en donde las mujeres de mi infancia guardaban secretos, dolores y desilusiones. El coraz\u00f3n tambi\u00e9n guardaba el amor, por eso, cuando alguno de nosotros, mis hermanos y primos, llor\u00e1bamos por cualquier cosa, Mami o mi abuela pon\u00edan nuestras cabezas en sus pechos y as\u00ed, por arte de magia, todo se calmaba. El coraz\u00f3n era una sola palabra. Aunque, como sabemos, una sola palabra a veces guarda muchos significados.<\/p>\n<p>Entend\u00ed con ellas quien era bueno y quien era malo. Qui\u00e9n nos quer\u00eda, qui\u00e9n viv\u00eda lejos, d\u00f3nde estaban las cosas, c\u00f3mo era el mundo. Esa otra palabra inmensa, ajena a nosotros. De pronto las palabras eran todo. C\u00f3mo se llama eso, le preguntaba a mi abuela, c\u00f3mo se llama aquello, le preguntaba a mi madre. Nombrar era participar, darle orden al mundo que iba descubriendo.<\/p>\n<p>Las palabras por s\u00ed solas dec\u00edan mucho. Por ejemplo, No era no, y ya. C\u00e1llense, se dec\u00eda una sola vez y nada m\u00e1s. Horita, era despu\u00e9s, no ahora, indicaba que no era el momento.<\/p>\n<p>Las oraciones sin embargo eran muchas palabras juntas, como un rompecabezas, de ah\u00ed sal\u00eda informaci\u00f3n m\u00e1s concreta: &#8216;ya est\u00e1 la comida&#8217;, &#8216;b\u00fascame recao en el patio&#8217;, &#8216;salte un momento que es conversaci\u00f3n de adultos&#8217;, &#8216;te lo comes todo&#8217;, &#8216;Luisito se parece m\u00e1s a la familia de ac\u00e1, a los \u00c1lvarez&#8217;. &#8216;T\u00fa naciste un quince de marzo, eres Piscis.&#8217;<\/p>\n<p>A veces, eran un misterio. Cuando Abuela ve\u00eda a Mami llorar, le dec\u00eda: &#8216;ves, te lo dije, y ya&#8217;. Era suficiente para ambas entender.<\/p>\n<p>Ninguna era lo que llamamos educada, solo Mami termin\u00f3 el cuarto a\u00f1o y odiaba tener que escribir cartas. Dec\u00eda que su letra era fea. En las cartas que envi\u00e1bamos a Boston, donde viv\u00edan mis t\u00edos trabajando en las fincas, se escrib\u00eda en otra forma de decir que no era la nuestra. Querido hijo Junior, Estimada cu\u00f1ada, esperamos en Dios que todos est\u00e9n bien, por ac\u00e1 todos estamos bien, aqu\u00ed los esperamos cuando puedan. Atentamente, tu madre, tu hermana, que te quieren y no te olvidan. Atentamente, solo exist\u00eda sobre el papel. Era una palabra para enviarla por el correo.<\/p>\n<p>Los cuentos eran interminables, en la casa todo el d\u00eda se hablaba. Pero las palabras ven\u00edan juntas con gestos y miradas. Las manos eran signos de exclamaci\u00f3n, los hombros signos de interrogaci\u00f3n, las miradas puntos suspensivos y comillas. Para entenderlas hab\u00eda que mirar sus manos, las manos eran otro vocabulario alterno. Muchas veces solo hac\u00eda falta mirarlas para saber la magnitud o la simpleza de las cosas. Mami lo ten\u00eda claro y lo verbalizaba en sus amenazas paralizantes, cuando ten\u00eda que repetirnos una advertencia nos dec\u00eda: &#8216;la pr\u00f3xima vez te lo digo con las manos&#8217;. Y efectivamente nos quedaba claro.<\/p>\n<p>Sus ojos daban \u00f3rdenes que entend\u00edamos indudablemente. Con un solo movimiento ya sab\u00edamos d\u00f3nde and\u00e1bamos en ese eterno camino hacia la posible pela. Tambi\u00e9n pod\u00eda ver en ellos sus sue\u00f1os, su eterna espera y su resignaci\u00f3n de que esa era su vida y ya. So\u00f1ar era cosa de dormidos, despiertos era una extra\u00f1eza entre nosotros.<\/p>\n<p>Los hombres, por otro lado, hablaban poco o m\u00e1s bien gru\u00f1\u00edan. Las palabras las ten\u00edan atascadas en la garganta y era asunto de las mujeres entenderlos y traducirlos para nosotros. &#8216;Tu padre no est\u00e1 de humor&#8217;, &#8216;tu abuelo lleg\u00f3 cansado&#8217;. Si la comida no les gustaba con retirar el plato ten\u00edan, si ten\u00edan sed llevaban sus manos a la garganta. El silencio reinaba en la casa cuando llegaban, como si se apagara la radio.<\/p>\n<p>A veces s\u00ed hablaban, el alcohol serv\u00eda para asomarse a lo que llevaban dentro. En palabras entrecortadas por un llanto helado por el tiempo y la imposibilidad de hacerlo, hac\u00edan cuentos a medias, interrumpidos justo a tiempo por la represa de un carraspeo, o por otro trago. Cuando beb\u00edan pon\u00edan m\u00fasica y esa hablaba por ellos. El amor lo reproduc\u00eda una aguja de la que sal\u00edan dolores viejos y amores de otros tiempos. Los hombres eran tristes, pensaba yo. Lacan, aunque no conoci\u00f3 a mi familia, ten\u00eda raz\u00f3n, el lenguaje nos define.<\/p>\n<p>El tiempo nos hizo crecer y lleg\u00f3 la escuela, las letras maravillosas, aquellos palitos y c\u00edrculos que serv\u00edan para nombrarlo todo. Y llegaron los libros, el primer d\u00eda que abr\u00ed uno y pude leer fue lo que hoy ser\u00eda como aprender a usar Facebook. Me hund\u00ed en un mundo de letras, de otras formas de nombrar, de otro vocabulario. Muchas veces, mil veces, no entend\u00eda las palabras de aquellas novelas y cuentos de otros siglos que nos hac\u00edan leer. Pero maravillosamente, poco a poco, iba entendiendo, como si los libros tambi\u00e9n tuvieran manos como mi abuela.<\/p>\n<p>La vida nos sac\u00f3 de la casa de mi abuela, el dolor y el desprecio nos llev\u00f3 a un mundo duro al que tuvimos que arrimarnos por cosas de nuestros padres, por sus odios y amores raros. Ese era nuestro nuevo entorno. La rabia nos hizo callar, y solo el odio nos hac\u00eda hablar. Nos dec\u00edamos palabras duras como piedras, y para rematar, como el eco del gigante de la monta\u00f1a, nuestras miradas reafirmaban el insulto ofrecido. Nos hicimos expertos en palabras hirientes, las \u00fanicas parecidas a nuestro entorno.<\/p>\n<p>La escuela era el \u00fanico oasis. Bueno, m\u00e1s bien el sal\u00f3n de clases. Las maestras nos explicaban el mundo, la historia y, por mala suerte para m\u00ed, los n\u00fameros. Supimos qu\u00e9 era Puerto Rico, Am\u00e9rica del Norte y Am\u00e9rica del Sur. Supimos de la Cordillera Central, de las islas de Mona, Monito y Desecheo. De que San Juan era la capital, de Crist\u00f3bal Col\u00f3n, de las tres calaveras. De los ta\u00ednos y los africanos. Las palabras eran de pronto inagotables, con ellas pod\u00edamos ser m\u00e1s grandes, igual nuestro mundo.<\/p>\n<p>El patio de la escuela era otra historia, un asunto m\u00e1s dif\u00edcil y retante, un laberinto inagotable en el que me perd\u00eda huyendo de aquella palabra que parec\u00edan delatar mis manos y mis gestos amanerados. Nada en el mundo me daba m\u00e1s dolor que aquel adjetivo de cuatro letras, que me exclu\u00eda de todos, de participar, de ser contado como los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Me refugi\u00e9 en la lectura, descubr\u00ed un mundo nuevo, un mundo a salvo de muchas palabras, de viajes en globos, de ni\u00f1os hu\u00e9rfanos, de ni\u00f1as feas que luego se pon\u00edan bonitas y se casaban. Tal vez a m\u00ed me pasar\u00eda lo mismo, tal vez una sola palabra dejar\u00eda de definirme y de arrinconarme en el autodesprecio. Tal vez una sola palabra bastar\u00eda para sanarme.<\/p>\n<p>Crecimos, nos hicimos hombres y mujeres mis hermanos y yo. Entre ellos las palabras son pocas, cuando los visito hablo como ellos, con ese mi verdadero idioma. El otro, el del librero, el del hombre que soy hoy, siempre me suena a un idioma aprendido, al que llego no sin esfuerzo. Entre ellos ahora abunda la risa, la alegr\u00eda, ya todos a salvo. Ya todo perdonado. Hablando de lo que hay que hablar y callando lo que hay que callar.<\/p>\n<p>El m\u00e1s peque\u00f1o de los cuatro nunca pudo aprender a leer ni a escribir. &#8216;Era bruto&#8217;, fue siempre el diagn\u00f3stico. Sin embargo es el de m\u00e1s dulces palabras, el m\u00e1s capaz de so\u00f1ar. Y hoy, todav\u00eda, sue\u00f1a con poder leer y escribir. Cuando vio mi libro, casi lo abraza. Para \u00e9l las palabras son tan m\u00e1gicas como las nubes de mi abuela. No entiende el libro, pero su hermano lo escribi\u00f3 y eso es para \u00e9l m\u00e1s hermoso que cualquier cuento m\u00edo. El significado que \u00e9l le da a ese peque\u00f1o volumen de tapas blandas, es m\u00e1s fuerte que cualquier logro literario. Un d\u00eda, tal vez pueda leer y yo le escribir\u00e9 una carta diciendo:<\/p>\n<p>Estimado hermano Josu\u00e9:<\/p>\n<p>Espero que est\u00e9s bien. Atentamente, tu hermano que te quiere y no te olvida,<\/p>\n<p>Luisito.<\/p>\n<p>As\u00ed, en pocas palabras, como las cartas enviadas a Boston, donde tambi\u00e9n vive \u00e9l.<\/p>\n<p><em>*El autor es escritor. Texto originalmente le\u00eddo por el autor en actividad efectuada el 16 de septiembre de 2014 y organizada por la Academia Puertorrique\u00f1a de la Lengua Espa\u00f1ola. Tomado de <a href=\"http:\/\/www.80grados.net\/las-pocas-palabras\/\">80 Grados<\/a>.<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No vengo de una familia con un gran vocabulario, las palabras eran escasas a veces, y de cuando en cuando cargadas de sarcasmo. Pero as\u00ed conoc\u00ed el mundo, con aquellas palabras que no abundaban, pero suficientes para entender la vida, a nosotros mismos y nuestro lugar en aquel mundo. 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