{"id":5492,"date":"2020-01-19T00:00:00","date_gmt":"2020-01-19T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/test.noticel.com\/english\/inteligencia-social\/opiniones\/top-stories\/20200119\/una-verdadera-fiesta\/"},"modified":"2025-07-20T16:52:20","modified_gmt":"2025-07-20T16:52:20","slug":"una-verdadera-fiesta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticel.com\/en\/opiniones\/20200119\/una-verdadera-fiesta\/","title":{"rendered":"Una verdadera fiesta"},"content":{"rendered":"<p><i>[OPINI\u00d3N]<\/i><\/p>\n<p>Ha sido sin duda un periodo navide\u00f1o y de octavitas m\u00e1s que reflexivo y pudo serlo todav\u00eda m\u00e1s. Por primera vez desde hace tres generaciones nos topamos con un Puerto Rico s\u00edsmico. Tiembla la tierra y podr\u00eda seguir temblando por meses, nos dicen. Algunos sospechamos que la denominada nueva realidad no lo ser\u00eda, si no fuese un asunto de ciclos m\u00e1s prolongados, acaso de a\u00f1os. A veces puede tomar hasta una generaci\u00f3n. Mientras m\u00e1s se tarda ese proceso de ajuste, mayor es la acumulaci\u00f3n de angustia.<\/p>\n<p>Acostumbrarse a que el suelo tiemble, aun cuando no provoque da\u00f1os peores a los que se han manifestado en estas tres semanas, requerir\u00e1 mucho aprendizaje, paciencia, disciplina y autocontrol. Estos elementos no se internalizan, ni se logran practicar en un instante, ni en semanas, ni meses. Se requiere m\u00e1s tiempo, pues muchas veces el llamado instinto de conservaci\u00f3n puede m\u00e1s que cualquier idea o reflejo ensayado repetidamente.<\/p>\n<p>Es natural que se sienta miedo cuando notamos que tiembla la tierra. Mucho m\u00e1s cuando suenan las explosiones, las trepidaciones y el crujido del requiebre de paredes, pisos y techos. Tambi\u00e9n provoca temor la previsi\u00f3n de la p\u00e9rdida y pensar que suceder\u00e1 lo peor. Pero ambos efectos o impulsos pueden ser atenuados y controlados cuando se conoce qu\u00e9 causa los temblores de tierra y c\u00f3mo se comportan, cu\u00e1l es su verdadera dimensi\u00f3n y c\u00f3mo podemos prevenir da\u00f1os mayores o consecuencias desastrosas. Conocer el car\u00e1cter distinto de estos fen\u00f3menos, su relativa perdurabilidad e itineraria, su dimensi\u00f3n acumulativa puede ayudarnos a lidiar con el temor, el miedo, la tensi\u00f3n y la angustia. El primer objetivo de cada puertorrique\u00f1o ahora mismo, estemos m\u00e1s cerca o lejos de los epicentros, debe ser educarnos, adiestrarnos y prepararnos para aceptar la presencia frecuente de este fen\u00f3meno en nuestras vidas. Se han activado las fallas geol\u00f3gicas que permanec\u00edan en estado latente al menos en cuanto a lo que percib\u00edamos. Lo que antes era una excepci\u00f3n, ser\u00e1 ahora -quisi\u00e9ramos que no durante mucho tiempo- un hecho, acaso cotidiano.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil deslindar cu\u00e1ndo termina el aprendizaje que lleva casi instintivamente a la respuesta inmediata de cu\u00e1ndo es que comienza el camino largo del aprendizaje en prevenci\u00f3n. Nos pasamos la vida desde ni\u00f1os aprendiendo y previniendo; evaluando riesgos y asumiendo algunos; intercambi\u00e1ndolos, reduci\u00e9ndolos o elimin\u00e1ndolos.<\/p>\n<p>Los primeros equ\u00edvocos surgen cuando pensamos que una secuencia s\u00edsmica es un s\u00f3lo evento. Se trata de un proceso desencadenado por otros procesos y se compone de un n\u00famero grande de eventos.<\/p>\n<p>Todo lo que va sucediendo en la mente de los afectados debido a sus vivencias, y en la mente de los narradores o comunicadores de las mismas, en los relatos que por referencia otros construyen, conduce a un distanciamiento entre la realidad del fen\u00f3meno y la percepci\u00f3n del mismo. Cuando el fen\u00f3meno s\u00edsmico se multidimensionaliza seg\u00fan su car\u00e1cter y alcance, las percepciones del mismo chocan tambi\u00e9n como placas tect\u00f3nicas con efectos y consecuencias diferentes.<\/p>\n<p>La onda perceptiva suele ampliarse por quienes la comunican haciendo del evento uno m\u00e1s grande de lo que es -aunque puede ser grande- por lo que los manoseadores de opini\u00f3n cometen el error de tratar de domesticar esa tendencia a expandir lo percibido. Digo error, porque no siendo lineal el comportamiento del fen\u00f3meno, y teniendo variaciones por la baja o por el alza, el intento -consciente o inconsciente- de filtrar el agrandamiento de lo que se percibe o se traduce como &#8216;crisis&#8217;, suele poner en aprietos a quien comunica, cuando la fuerza, virulencia o tama\u00f1o del fen\u00f3meno se manifiesta todav\u00eda con m\u00e1s vigor.<\/p>\n<p>Los llamamientos a la calma tan necesarios, como imperativos, pueden resultar contraintuitivos ante la realidad de fen\u00f3menos que se acrecientan bajo los pies de quienes est\u00e1n m\u00e1s cerca. Hay que llamar a la calma con realismo, es decir, con explicaciones sencillas, coherentes y verdaderas. Pues una vez los voceros o comunicadores caen atrapados en la trampa de la minimizaci\u00f3n pierden efectividad porque se deshace su credibilidad. Se trata de un proceso natural. Los falsos negativos ser\u00e1n siempre mucho m\u00e1s peligrosos que los falsos positivos en el medio social.<\/p>\n<p><strong>Validar y valorizar los sentimientos de las personas <\/strong><\/p>\n<p>Aun cuando la percepci\u00f3n del tama\u00f1o del fen\u00f3meno est\u00e9 agigantada, cuando lo contrastamos con la realidad medible, poco ganamos y es m\u00e1s arriesgado confrontar a la v\u00edctima. Poco a poco se podr\u00e1 adecuar esa apreciaci\u00f3n desenfocada. Debemos, no obstante, identificar el sufrimiento e identificarnos con ese estado de vulnerabilidad y fragilidad que padece la v\u00edctima. Reconocer ese sufrimiento, validarlo para atenderlo, y reconocerse en ese rostro humano que duele es la primera y m\u00e1s potente medicina. Nada m\u00e1s humano hay que compartirse el dolor, a veces ayudando a secar las l\u00e1grimas, otras, llorando con las v\u00edctimas. Como todos hemos aprendido alguna vez, hay ocasiones en que el silencio es el mejor tratamiento. Pero hay que acompa\u00f1ar, porque sana a la v\u00edctima y a quien la cuida o se preocupa.<\/p>\n<p>Ahora bien, no todo el mundo porta o logra entender la dimensi\u00f3n de la empat\u00eda. Algunos llegan a la escena del dolor por cumplir, otros, por salir en la fotograf\u00eda, algunos otros, no sabemos ni porqu\u00e9.<\/p>\n<p>De este modo, llegamos a la dimensi\u00f3n social, la que adquiere una comunidad m\u00e1s amplia que dependiendo de la intensidad y gravedad real del fen\u00f3meno puede abarcar a todo el pa\u00eds y a\u00fan m\u00e1s all\u00e1, fuera del pa\u00eds. Es aqu\u00ed, en esa esfera m\u00e1s abarcadora que se tiene que actuar con mayor tacto y conciencia. A veces a la hora de validar y valorizar el dolor, es el \u00e1rea en la cual fallamos malamente.<\/p>\n<p><strong>El luto<\/strong><\/p>\n<p>Hasta no hace tanto el sentimiento de solidaridad -que no s\u00f3lo se manifiesta materialmente- ten\u00eda una dimensi\u00f3n que iba m\u00e1s all\u00e1 de la familia o de las personas m\u00e1s cercanas al difunto, o a quien estaba en pena, por una enfermedad u otro tipo de padecimiento o p\u00e9rdida.<\/p>\n<p>Se manifestaba respeto y adhesi\u00f3n hacia quienes pens\u00e1bamos sufr\u00edan alg\u00fan tipo de tribulaci\u00f3n. As\u00ed, en los vecindarios se suspend\u00eda la m\u00fasica de los tocadiscos -hab\u00eda discos-, se reduc\u00eda el ruido, se bajaba la voz, se apagaba cualquier equipo de amplificaci\u00f3n. Era un modo de expresar consideraci\u00f3n, una forma de condolerse y un tipo de abrazo colectivo.<\/p>\n<p>En nuestro folklore centenario, s\u00f3lo se celebraba la muerte de manera &#8216;festiva&#8217;, cuando se trataba de la de un infante en el velorio, tan genialmente pintado por Francisco Oller en el cuadro del mismo nombre. Otra extraordinaria estampa -esta vez musical- se hizo, anclada quiz\u00e1s en la gen\u00e9tica cultural, con aquel cl\u00e1sico de la salsa &#8216;La cuna blanca&#8217;, de la orquesta La Selecta de Raphy Leavitt que rezaba: &#8216;Se ha escapado un angelito, miren donde va, llorando se ha ido, aquel viejo amigo, a la virgen fue a adorar&#8217;, dedicada a un amigo. &#8216;Que nadie llore, que nadie llore. Dejen que r\u00eda en silencio&#8217;. Ese homenaje al trompetista de la orquesta Luis Maysonet, fallecido en un accidente de gira en Connecticut, incorpora de un modo &#8216;agridulce&#8217; el luctuoso descubrimiento de la muerte de un amigo. Se toca esta canci\u00f3n en muchos entierros especialmente de personas de conciencia trabajadora. Otros entonan en Puerto Rico, &#8216;Cuando un amigo se va&#8217;, de Alberto Cortez, escrita tras el fallecimiento de su padre, y los menos, recitan el poema de Miguel Hern\u00e1ndez &#8216;Eleg\u00eda&#8217;, o cantan la versi\u00f3n de Joan Manuel Serrat. (&#8216;En Orihuela, su pueblo y el m\u00edo se nos ha muerto como del rayo, Ram\u00f3n Sij\u00e9 con quien tanto quer\u00eda&#8217;), &#8216;Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierras que ocupas y estercolas compa\u00f1ero del alma tan temprano&#8217;.<\/p>\n<p>El luto, sana o alivia el sufrimiento de quienes padecen. Aunque la sobriedad con la cual lo asociamos refiere tambi\u00e9n a duelo, dolor, aflicci\u00f3n y pena.<\/p>\n<p>En momentos de desastres naturales los puertorrique\u00f1os hemos aprendido del luto. Hemos hecho resoluciones para hacernos m\u00e1s fuertes, para homenajear a quienes han partido. Hemos plantado miles de pares de zapatos, cruces blancas, y banderas de Puerto Rico negras y blancas.<\/p>\n<p>Expresar la pena y sentirla es tambi\u00e9n parte de un derecho y proceso fundamental de recuperaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Hablando de terremotos <\/strong><\/p>\n<p>Hace cuarenta y siete a\u00f1os a causa de un terremoto en un pa\u00eds hermanado, Puerto Rico vivi\u00f3 un profundo episodio de tristeza colectiva. Precisamente, entre el A\u00f1o Viejo y el A\u00f1o Nuevo, Roberto Clemente Walker y sus acompa\u00f1antes cayeron al oc\u00e9ano, en las costas de Lo\u00edza y Carolina, cuando iban rumbo a Nicaragua que hab\u00eda sido devastada por un terremoto mayor de siete puntos a prestar socorro.<\/p>\n<p>Aprendimos -eso cre\u00edamos- lo que puede hacer un terremoto, su fuerza brutal, y comprendimos que m\u00e1s all\u00e1 de las haza\u00f1as deportivas, la verdadera medalla de oro de aquel deportista extraordinario hab\u00eda sido su capacidad de darse, de solidarizarse y condolerse ante la tragedia s\u00edsmica de sus hermanos nicarag\u00fcenses por quienes a causa del accidente ofrend\u00f3 su vida.<\/p>\n<p>Lo ocurrido en Puerto Rico 47 a\u00f1os despu\u00e9s, no se aproxima en escala a lo sucedido en Nicaragua. Pero estamos a tiempo para prestar atenci\u00f3n sin distracciones a lo que est\u00e1 sucediendo, que afect\u00e1ndonos a todos, ha afectado todav\u00eda m\u00e1s a la regi\u00f3n sudoeste del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Hay sin embargo que tener cautelas. Las prisas del comercio y de otros apetitos no pueden ahogar las esperas naturales de a quienes embarga la pena. La pena no es minucia. El sufrimiento, particularmente el de grupos grandes o el del colectivo, nunca ha de mirarse bajo el lente minimizante del microscopio, como tampoco bajo el lente a distancia de los telescopios.<\/p>\n<p>Tenemos delante una extraordinaria oportunidad para recuperarnos. Haciendo las cosas bien, corrigiendo las que hicimos mal, mejorando la manera en que nos organizamos, planificamos nuestras vidas, construimos nuestro habit\u00e1culo, repartimos nuestros dones, nuestro trabajo y sus frutos.<\/p>\n<p>Debemos hacer un fundamental alto reflexivo y cr\u00edtico para evaluar no s\u00f3lo los da\u00f1os a las estructuras o las deficiencias de nuestra respuesta, e incluir y hacer lo que no hicimos colectivamente luego del hurac\u00e1n Mar\u00eda. No se trata este momento de ponemos a comparar este evento tel\u00farico -que reci\u00e9n comienza- con el del hurac\u00e1n y adjudicar simplonamente que \u00e9ste o aquel fue peor. Ser\u00eda un grave error cuantificar, sin cualificar y sin analizar.<\/p>\n<p>Debemos desde ahora esforzarnos por conocer y aprender de nuestros errores individuales, colectivos y gubernativos con el prop\u00f3sito de construir una vida digna y m\u00e1s segura para cada habitante del pa\u00eds. No puede volver a sucedernos que en mayor o menor escala un nuevo &#8216;desastre&#8217; corra la cortina que encubre inequidad, pobreza, injusticia social , plurivulnerabilidades y miseria. Tenemos que afrontarlas, pues es un reto generacional insoslayable \u00edntimamente ligado a nuestra condici\u00f3n colonial.<\/p>\n<p>Mediante el aprendizaje, la paciencia y la disciplina, el autocontrol y la acci\u00f3n concertada solidaria podemos se\u00f1alar este momento s\u00edsmico significativo como el punto en que echamos a andar sin retroceder; derrotamos el cainismo y el canibalismo y creamos verdaderos cimientos de conciencia colectiva. Esta es la encrucijada en la cual nos encontramos: un gran momento para empezar a hacer las cosas bien, para mejorarlas, en suma, un gran punto de partida que resulte ser una verdadera fiesta.<\/p>\n<p><em>*El autor es doctor, abogado, profesor y estudioso de los procesos legislativos y reglamentarios. Fue asesor y luego portavoz del PIP en la C\u00e1mara durante 24 a\u00f1os.<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[OPINI\u00d3N] Ha sido sin duda un periodo navide\u00f1o y de octavitas m\u00e1s que reflexivo y pudo serlo todav\u00eda m\u00e1s. Por primera vez desde hace tres generaciones nos topamos con un Puerto Rico s\u00edsmico. Tiembla la tierra y podr\u00eda seguir temblando por meses, nos dicen. 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