{"id":52309,"date":"2011-07-25T00:00:00","date_gmt":"2011-07-25T04:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.noticel.com\/mundo\/20110725\/los-hilos-que-destaparon-el-escandalo-inalambrico\/"},"modified":"2025-08-28T19:55:22","modified_gmt":"2025-08-28T19:55:22","slug":"los-hilos-que-destaparon-el-escandalo-inalambrico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticel.com\/en\/noticias\/mundo\/20110725\/los-hilos-que-destaparon-el-escandalo-inalambrico\/","title":{"rendered":"Los hilos que destaparon el esc\u00e1ndalo inal\u00e1mbrico"},"content":{"rendered":"<p>El editor del peri\u00f3dico The Guardian, Alan Rusbridger, cont\u00f3 c\u00f3mo su equipo rompi\u00f3 la exclusiva de las interceptaciones ilegales telef\u00f3nicas en los peri\u00f3dicos brit\u00e1nicos de News Corp. que ha estremecido las estructuras de poder en el Reino Unido. (Traducci\u00f3n por El Pa\u00eds)<\/p>\n<p>De vez en cuando -m\u00e1s o menos cada 18 meses-, el veterano redactor de The Guardian Nick Davies entra en mi despacho, cierra la puerta con una mirada de complicidad hacia la redacci\u00f3n y empieza a contarme alguna cosa que pone los pelos de punta.<\/p>\n<p>En junio del a\u00f1o pasado quiso hablarme de Julian Assange. Hab\u00eda le\u00eddo que el pirata inform\u00e1tico de pelo blanco (poco conocido entonces) hab\u00eda desaparecido con un l\u00e1piz de memoria lleno de millones de documentos secretos que los departamentos de Estado y de Defensa de Estados Unidos hab\u00edan dejado escapar. Su plan era localizarlo&#8230; y luego que The Guardian publicase todos esos papeles. Me parec\u00eda buena idea?<\/p>\n<p>A principios de 2009 hab\u00eda tenido un momento similar. Hab\u00eda descubierto que James Murdoch, el hijo y heredero del due\u00f1o de la empresa privada de medios de comunicaci\u00f3n m\u00e1s poderosa del mundo, hab\u00eda llegado a un acuerdo secreto para pagar m\u00e1s de un mill\u00f3n de d\u00f3lares a cambio de que se ocultaran unas pruebas de conducta delictiva dentro de la compa\u00f1\u00eda. Me interesaba?<\/p>\n<p>La respuesta a las dos preguntas fue: por supuesto. A continuaci\u00f3n tragu\u00e9 saliva al pensar en la dimensi\u00f3n y las repercusiones de las dos historias. Y despu\u00e9s vi c\u00f3mo Nick, siempre vestido de vaqueros y una cazadora de cuero marr\u00f3n descaradamente pasada de moda, volv\u00eda a salir por la puerta para ir en busca de complicaciones.<\/p>\n<p>Todo el mundo sabe c\u00f3mo acab\u00f3 WikiLeaks: un enjambre mundial de revelaciones y titulares, los Gobiernos de todo el mundo paralizados por el goteo diario de descubrimientos, diarios de guerra, cables secretos e indiscreciones diplom\u00e1ticas. Y ahora todo el mundo sabe c\u00f3mo acab\u00f3 la historia de Murdoch: con una especie de arcada gigante de repugnancia ante lo que hicieron sus empleados y la paralizaci\u00f3n de una fusi\u00f3n multimillonaria por la votaci\u00f3n parlamentaria m\u00e1s abrumadora que se recuerda. Un peri\u00f3dico rentable, que vend\u00eda millones de ejemplares cada semana, liquidado. El regulador brit\u00e1nico de prensa, sin saber qu\u00e9 hacer.<\/p>\n<p>Solo que la historia de Murdoch no ha terminado. Toca tan a fondo tantos aspectos de la vida c\u00edvica de Reino Unido y Estados Unidos -la polic\u00eda, la pol\u00edtica, los medios de comunicaci\u00f3n, las leyes- que seguir\u00e1 teniendo consecuencias durante meses e incluso a\u00f1os. Todo el mundo espera m\u00e1s detenciones. Hay numerosas demandas en tramitaci\u00f3n en los tribunales brit\u00e1nicos. Habr\u00e1 dos investigaciones del ministerio fiscal, sobre el comportamiento de la prensa y el de la polic\u00eda. Y qui\u00e9n sabe qu\u00e9 problemas causar\u00e1n los accionistas de News Corp. y las autoridades reguladoras estadounidenses a medida que se enteren de m\u00e1s detalles sobre la gesti\u00f3n del brazo brit\u00e1nico de la empresa familiar.<\/p>\n<p>Volvamos a julio de 2009 y pensemos en lo diferente que podr\u00eda haber sido. Hasta ese momento, la narrativa oficial era clara. Hab\u00edan atrapado al corresponsal de News of the World para noticias de la casa real, Clive Goodman, pinchando los tel\u00e9fonos de palacio. O, mejor dicho, Goodman hab\u00eda subcontratado para la tarea a un investigador privado, Glenn Mulcaire, que era experto en acceder a los mensajes de contestadores autom\u00e1ticos y en descifrar cualquier clave (por ejemplo, los n\u00fameros PIN) que una v\u00edctima hubiera podido colocar. La polic\u00eda se abalanz\u00f3 sobre ellos. Los dos hombres fueron a la c\u00e1rcel, y News International asegur\u00f3 a todo el mundo -la prensa, el Parlamento, la polic\u00eda, el organismo regulador- que Goodman era una manzana podrida, pero aislada. El director, Andy Coulson, dimiti\u00f3, protestando y afirmando que no sab\u00eda nada de todo aquello. Y as\u00ed termin\u00f3 la cosa.<\/p>\n<p>El reportaje publicado en The Guardian el 9 de julio de 2009 desbarat\u00f3 esa versi\u00f3n. Demostr\u00f3 que hab\u00eda habido otro reportero que se hab\u00eda dedicado a transcribir mensajes de voz dejados en el tel\u00e9fono del consejero delegado de la Asociaci\u00f3n Profesional de Futbolistas, Gordon Taylor, y a enviarlos &#8216;a Neville&#8217; -una referencia al veterano jefe de reporteros de NotW, Neville Thurlbeck-. Es decir, hab\u00eda dos periodistas m\u00e1s del diario que estaban al tanto. Alg\u00fan jefe deb\u00eda de haber dado la orden al reportero, as\u00ed que ser\u00edan tres. Y un directivo con nombre (que tal vez hab\u00eda dado instrucciones al joven reportero, o tal vez no) hab\u00eda firmado con Mulcaire un contrato para darle una prima si consegu\u00eda hacerse con la historia de Taylor. En resumen, tres, quiz\u00e1 cuatro, adem\u00e1s de Goodman.<\/p>\n<p>Cuando se enter\u00f3 de este nuevo caso, James Murdoch agarr\u00f3 el talonario, una decisi\u00f3n que ahora achaca a los consejos que le dieron en aquel momento. Volvi\u00f3 a hacerlo con otra situaci\u00f3n, la del pinchazo del tel\u00e9fono del publicista del mundo del espect\u00e1culo Max Clifford.<\/p>\n<p>Pero las reacciones de otros organismos fueron igual de significativas. La polic\u00eda anunci\u00f3 una investigaci\u00f3n y, horas despu\u00e9s, emiti\u00f3 un escueto comunicado en el que dec\u00eda que no hab\u00eda nada &#8216;nuevo&#8217; que investigar. Por supuesto que no. Estaba todo en las 11.000 p\u00e1ginas de notas de Mulcaire, que hab\u00edan confiscado en 2005, pero con las que hab\u00edan hecho poca cosa.<\/p>\n<p>News International consider\u00f3 que el anuncio de la polic\u00eda le daba la raz\u00f3n. La empresa emiti\u00f3 un comunicado lleno de chuler\u00eda diciendo al mundo que The Guardian hab\u00eda enga\u00f1ado de forma deliberada al p\u00fablico brit\u00e1nico. A su debido tiempo, la Comisi\u00f3n de Reclamaciones sobre la Prensa anunci\u00f3 las conclusiones de su propia investigaci\u00f3n: no exist\u00edan pruebas de que la teor\u00eda de la &#8216;manzana podrida&#8217; no fuera verdad. Para entonces, ni siquiera News International manten\u00eda esa l\u00ednea de defensa, pero el organismo regulador se hab\u00eda comportado como un perrito faldero.<\/p>\n<p>Una comisi\u00f3n parlamentaria hizo todo lo que pudo para llegar al fondo de las cosas. Pero la consejera delegada de News International y antigua directora de The Sun y NotW, Rebekah Brooks, se neg\u00f3 a honrar a la comisi\u00f3n con su presencia. Uno o dos miembros han dicho posteriormente que se sintieron demasiado intimidados por la amenaza de lo que los periodistas de News International pod\u00edan hacerles si insist\u00edan. As\u00ed que no lo hicieron.<\/p>\n<p>Y la mayor parte de la prensa no se comport\u00f3 mucho mejor. A esas alturas -para asombro general-, el hombre al que todos supon\u00edan pr\u00f3ximo primer ministro, David Cameron, hab\u00eda contratado a Coulson como portavoz. Cuanto m\u00e1s se acercaba Cameron al 10 de Downing Street, menos ganas hab\u00eda de publicar nada negativo sobre Coulson. Comprend\u00ed (por si no me hab\u00eda dado cuenta antes) lo solitario que iba a ser el camino que hab\u00edamos emprendido en noviembre de 2009, cuando un tribunal de trabajo concedi\u00f3 a un experiodista de News of the World m\u00e1s de un mill\u00f3n de d\u00f3lares en da\u00f1os y perjuicios despu\u00e9s de concluir que hab\u00eda sufrido a causa de la cultura de la intimidaci\u00f3n practicada por Coulson.<\/p>\n<p>Fue una noticia destacada? En absoluto. Ning\u00fan peri\u00f3dico, aparte de The Guardian, inform\u00f3 de ello en sus p\u00e1ginas al d\u00eda siguiente. Parec\u00eda estar funcionando un principio de omert\u00e0 por el que ni uno solo de los dem\u00e1s peri\u00f3dicos nacionales pens\u00f3 que esa historia mereciera un cent\u00edmetro de p\u00e1gina impresa.<\/p>\n<p>Empez\u00e1bamos a sentirnos muy solos en The Guardian. Nick Davies se hab\u00eda enterado de que Brooks hab\u00eda dicho a varios colegas que la historia iba a acabar con &#8216;Alan Rusbridger de rodillas, pidiendo clemencia&#8217;. &#8216;Nos habr\u00edan destruido&#8217;, asegur\u00f3 Davies en un podcast de The Guardian la semana pasada. &#8216;Si hubieran podido, habr\u00edan cerrado The Guardian&#8217;.<\/p>\n<p>Si la mayor\u00eda de Fleet Street iba a mirar hacia otro lado, pens\u00e9 que deb\u00eda intentar ir a alg\u00fan otro medio para impedir que la historia desapareciera, salvo por las noticias que Nick segu\u00eda publicando implacablemente en nuestras p\u00e1ginas. Llam\u00e9 a Bill Keller, de The New York Times. Unos d\u00edas despu\u00e9s, tres reporteros de este estaban sentados en una sala de reuniones m\u00e1s bien sosa de The Guardian mientras Davies trataba de explicarles los elementos b\u00e1sicos de una historia que a \u00e9l le hab\u00eda costado a\u00f1os extraer de numerosos reporteros, abogados y agentes de polic\u00eda.<\/p>\n<p>Los periodistas de The New York Times se tomaron su tiempo -meses de un trabajo laborioso y excepcional que confirm\u00f3 la veracidad de todo lo que Nick hab\u00eda escrito- y tambi\u00e9n abrieron otras puertas. Convencieron a una o dos fuentes para que salieran del anonimato. La historia provoc\u00f3 otra investigaci\u00f3n policial poco entusiasta que no produjo resultados. Pero el hecho de que The New York Times estuviera investigando y la solidez de sus resultados animaron a otros. Los medios audiovisuales empezaron a hablar del asunto. Una de las dos v\u00edctimas emprendi\u00f3 una querella. Vanity Fair aport\u00f3 su grano de arena. The Financial Times y The Independent trabajaron en la retaguardia. Cada vez m\u00e1s gente empez\u00f3 a pensar que quiz\u00e1 s\u00ed hab\u00eda algo de sustancia en aquella historia, despu\u00e9s de todo.<\/p>\n<p>Mientras tanto, Cameron -contra todos los consejos- hab\u00eda designado a Coulson como jefe de prensa en el n\u00famero 10. Justo antes de las elecciones, yo le advert\u00ed que ten\u00edamos pruebas que no pod\u00edamos publicar por motivos legales, pero de las que me parec\u00eda que \u00e9l deb\u00eda estar al tanto.<\/p>\n<p>Se trataba de lo siguiente: en 2005, con Coulson de director, NotW hab\u00eda contratado por segunda vez, para ser uno de sus investigadores, a un tal Jonathan Rees, que acababa de salir de la c\u00e1rcel despu\u00e9s de cumplir una condena de siete a\u00f1os por plantar coca\u00edna en las pertenencias de una mujer inocente. Ahora, Rees estaba de nuevo en prisi\u00f3n, en espera de juicio por conspirar para asesinar a su antiguo socio, un hombre que hab\u00eda aparecido en el aparcamiento de un pub con un hacha clavada en la cabeza. El pasado mes de marzo fue absuelto.<\/p>\n<p>Era impensable que NotW no conociera sus antecedentes penales: The Guardian hab\u00eda publicado dos largos art\u00edculos sobre la pasada relaci\u00f3n de Rees con el diario de Murdoch y con polic\u00edas corruptos en 2002.<\/p>\n<p>The Guardian no pod\u00eda publicar nada de todo esto antes de las elecciones porque las leyes de prensa brit\u00e1nicas proh\u00edben a los peri\u00f3dicos escribir a prop\u00f3sito de personas sobre las que pesan acusaciones penales. Pero me pareci\u00f3 que Cameron querr\u00eda saberlo antes de hacer nombramientos para su equipo de gobierno (tambi\u00e9n se lo dije a Gordon Brown, entonces primer ministro, y a Nick Clegg, actual viceprimer ministro).<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas, Cameron declar\u00f3 que su jefe de gabinete nunca se lo dijo, pero no parece que le preocupara mucho en su momento. Pareci\u00f3 quitarle importancia y solo dio la impresi\u00f3n de estar un poco desconcertado. Nombrar a Coulson fue un error de juicio terrible, y \u00e9l tiene que saberlo.<\/p>\n<p>El punto de inflexi\u00f3n lleg\u00f3 hacia principios de a\u00f1o. El chorro de demandas civiles se convirti\u00f3 en un torrente. La polic\u00eda, por fin, se lo tom\u00f3 en serio y design\u00f3 un equipo de 45 personas para hacer lo que, de forma escandalosa, no se hab\u00eda hecho en 2006. Hasta ahora han dicho que han informado a 170 de casi 4.000 v\u00edctimas. El organismo regulador tir\u00f3 a la basura su viejo informe. Y entonces lleg\u00f3 la revelaci\u00f3n de Nick Davies de que NotW hab\u00eda pinchado el tel\u00e9fono de la adolescente desaparecida Milly Dowler, y hab\u00eda borrado sus mensajes de voz para poder capturar otros nuevos. Ese acto -que hab\u00eda dado esperanzas a los padres de Milly durante los negros d\u00edas antes de que se confirmase que hab\u00eda muerto asesinada- caus\u00f3 una ola de repugnancia de la que a NotW le iba a ser dif\u00edcil recuperarse. Pocas veces una sola noticia ha tenido efectos tan volc\u00e1nicos. De pronto, no hab\u00eda forma de mantener apartados de las pantallas de televisi\u00f3n a pol\u00edticos, periodistas, polic\u00edas y reguladores. Los oficiales de polic\u00eda hicieron cola para pedir perd\u00f3n por las muestras de negligencia y los errores de juicio. Los parlamentarios empezaron a decir de pronto, en voz muy alta, cosas que dos semanas antes solo se habr\u00edan atrevido a susurrar.<\/p>\n<p>Alguien lo llam\u00f3 la primavera de Murdoch. Hubo un reconocimiento general de que, desde hac\u00eda una generaci\u00f3n o m\u00e1s, la vida p\u00fablica brit\u00e1nica se hab\u00eda moldeado a medida de los Murdoch. A medida que la empresa se hac\u00eda m\u00e1s grande, m\u00e1s pr\u00f3spera (el 40% de la prensa nacional y una cadena audiovisual con el doble de ingresos que la BBC) y m\u00e1s agresiva -y, como sabemos ahora, con un peque\u00f1o equipo de investigadores criminales a sueldo para presionar a cualquier personaje de la vida p\u00fablica-, se asent\u00f3 la idea de que no conven\u00eda molestar a esa gente. Uno necesitaba a Murdoch para salir elegido en Reino Unido, o al menos eso cre\u00edan casi todos los pol\u00edticos. Y -aunque nunca se dec\u00eda- Murdoch tambi\u00e9n necesitaba cosas. No era un trato necesariamente corrupto, pero desde luego llevaba a la corrupci\u00f3n. Ahora, con un reportaje y una votaci\u00f3n un\u00e1nime en la C\u00e1mara de los Comunes, se ha roto el hechizo.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El editor del peri\u00f3dico The Guardian, Alan Rusbridger, cont\u00f3 c\u00f3mo su equipo rompi\u00f3 la exclusiva de las interceptaciones ilegales telef\u00f3nicas en los peri\u00f3dicos brit\u00e1nicos de News Corp. que ha estremecido las estructuras de poder en el Reino Unido. 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