{"id":43705,"date":"2017-10-19T00:00:00","date_gmt":"2017-10-19T04:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.noticel.com\/el-tiempo\/galeria\/huracanes\/mundo\/video\/20171019\/cronica-cuatro-dias-andando-la-habana-inundada-galeria-video\/"},"modified":"2025-07-26T04:26:39","modified_gmt":"2025-07-26T04:26:39","slug":"cronica-cuatro-dias-andando-la-habana-inundada-galeria-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticel.com\/en\/noticias\/mundo\/20171019\/cronica-cuatro-dias-andando-la-habana-inundada-galeria-video\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica: Cuatro d\u00edas andando La Habana inundada (galer\u00eda + video)"},"content":{"rendered":"<p>Las primeras lloviznas tra\u00eddas por el hurac\u00e1n Irma a la Habana comenzaron la noche del viernes. Sentada a tres cuadras del Malec\u00f3n ya se escuchaban las olas, por lo que poco despues de la medianoche del s\u00e1bado sucumb\u00ed a la tentaci\u00f3n de ponerle imagen a lo que o\u00eda desde la terraza donde probe mi primer habano desde que llegue el lunes a la capital de Cuba.<\/p>\n<p>En el camino probe el salitre del aire y vi las primeras espumas de las olas saltando sobre la acera frente al monumento ecuestre al general independentista Calixto Garc\u00eda en el Vedado. Un hombre apuntaba su telefono hacia el mar guardando toda la calle como distancia. Supuse que estar\u00eda grabando el comportamiento del Atl\u00e1ntico, el que me atrajo a cruzar la v\u00eda para detenerme frente a la orilla del muro deseando la sorpresa de una ola que me empapara.<\/p>\n<p>La espera por la salpicada del mar no dur\u00f3 mucho. Calculo que pasaron 15 minutos antes de que la sirena de una patrulla de la Polic\u00eda Nacional Revolucionaria me alert\u00f3 que deb\u00eda retirarme de all\u00ed.<\/p>\n<p>Casi al mediod\u00eda intente acercarme nuevamente, pero esta vez funcionarios de la Defensa Civil cubana se apostaban la cuadra completa antes de esa \u00e1rea del Malec\u00f3n para impedir el paso. Una hora m\u00e1s tarde estar\u00eda subiendo a una guagua que me dej\u00f3 en el hotel Habana Libre. Mientras esperaba, escuche la voz de una mujer a traves del altavoz de un auto azul que transitaba la calle L\u00ednea anunciando: &#8216;Atenci\u00f3n a toda la poblaci\u00f3n. Se pronostican severas penetraciones del mar. Es necesario evacuar. Las penetraciones comenzar\u00e1n a la una de la tarde&#8217;.<\/p>\n<p>Esa tarde se diluy\u00f3 entre instalarme, matar el hambre y ver c\u00f3mo los vientos se tornaban m\u00e1s agresivos a traves de las ventanas de un sexto piso del hotel donde para 1959 la habitaci\u00f3n 2324 alberg\u00f3 el Puesto de Mando de la Revoluci\u00f3n. Me sorprendi\u00f3 c\u00f3mo en pocas horas mire desde ese lugar hacia la Avenida del Puerto, ahora cubierta por crestas blancas de un mar que no mostraba ninguna intenci\u00f3n de retraerse. A eso de las siete de la noche me asome a la esquina de la calle L con 23. Algunos turistas jugaban a sacarse fotos llevados por el viento que ya doblaba las copas de los \u00e1rboles del Parque Coppelia y sacud\u00eda los postes del tendido electrico. Al descenso de la L hacia el Norte, un \u00e1rbol ya ense\u00f1aba sus ra\u00edces.<\/p>\n<p>Dormir esa noche no fue f\u00e1cil con el meneo de los ventanales del balc\u00f3n, el aullido del viento y los ruidos de saber que cosas quebr\u00e1ndose. Cuando sal\u00ed a caminar el domingo a mojarme en unos cuantos aguaceros, comence a ver m\u00e1s madejas de ra\u00edces con pedazos de acera, cables electricos en el suelo, y casi al final de la calle Neptuno me asome hasta donde pude detr\u00e1s de la gente que respet\u00f3 el cintillo amarillo puesto por las autoridades para no acercarse m\u00e1s al agua que tapaba el primer piso de unos cuantos edificios. Gente se asomaba desde los balcones de segundos y terceros pisos de estos lugares, colgando cuerdas con cubos que esperaban ser llenados por suministros que otros cargaban sobre las cabezas moj\u00e1ndose casi hasta la garganta a medida que buscaban regresar a esas entradas inundadas. Otros se entretuvieron nadando por la calle que alguna vez caminaron.<\/p>\n<p>En otras calles de Centro Habana, empece a ver largas filas en panader\u00edas y puestos. Todo el mundo parec\u00eda buscar un interruptor donde cargar alg\u00fan telefono o l\u00e1mpara. De vuelta al Habana Libre note que las mismas caras de empleados permanec\u00edan en el lugar. Por un momento me pregunte cu\u00e1ntas horas llevar\u00edan trabajando. La recepci\u00f3n del lugar estaba abarrotada. En cada bar del lugar la gente ped\u00eda un trago o una cerveza fr\u00eda con la ansiedad alumbr\u00e1ndole los ojos. Entre el barullo de desesperados por mojar la garganta, note una mujer que sal\u00eda enfurecida tras gritarle a dos empleados del hotel que &#8216;por eso estamos como estamos, porque as\u00ed nos tratamos entre los cubanos. Apuesto a que ning\u00fan extranjero aqu\u00ed le negar\u00edas esto&#8217;. Buscaba cargar una l\u00e1mpara en uno de los escasos toma corrientes disponible. En otras instancias, un joven alterado hablaba con todo su cuerpo cuando se quejaba sin disimular los decibeles de voz que &#8216;aqu\u00ed hay que agarrar un avi\u00f3n en cuanto se pueda y arrancar de este pa\u00eds&#8217;.<\/p>\n<p>IFrame<\/p>\n<p>Esa noche asomada a la oscura acera frente al hotel, Alexis Naranjo, habanero que trabaja para una empresa tur\u00edstica, me cont\u00f3 c\u00f3mo el paso de Irma result\u00f3 peor para Varadero y Matanzas, donde se supone que llevar\u00eda a un grupo de turistas el lunes. Ese d\u00eda me hab\u00eda enterado que no regresar\u00eda a Puerto Rico y confirme con Alexis que los empleados del hotel con toda probabilidad no hab\u00edan podido salir del lugar porque tal vez sus hogares estaban inundados, perdieron todo, o simplemente quien debi\u00f3 relevarlos no hab\u00eda podido llegar al lugar.<\/p>\n<p>El lunes volv\u00ed a andar fij\u00e1ndome esta vez en la gente que recortaba \u00e1rboles, los trabajadores de la empresa electrica reparando l\u00edneas y las filas para comprar cualquier cosa. A la vuelta deb\u00eda resolver d\u00f3nde dormir\u00eda dos d\u00edas m\u00e1s en la Habana antes de subirme a un avi\u00f3n hacia San Juan. Cuando sal\u00eda del elevador detr\u00e1s de un grupo de feminas espa\u00f1olas, las escuchaba intentando planificar el adelanto del regreso al Viejo Mundo, porque pod\u00edan volver a Cuba cuando &#8216;la cosa mejorara&#8217;. En ese instante, sal\u00eda una empleada de servicio de una de las habitaciones que sin contemplaci\u00f3n les espet\u00f3, &#8216;\u00bfYa nos les gusta tanto Cuba?&#8217;. Aguante la sonrisa en la comisura de los labios.<\/p>\n<p>Cuando sal\u00ed con mi mochila en la espalda y una direcci\u00f3n anotada en el telefono, coincid\u00ed con muchos cubanos y cubanas que de igual modo andaban con mochilas o carteras repletas con toda la ropa que al parecer pudieron recuperar tomando taxis a otras partes. Entre vecinos que se encontraban en la calle se preguntaban a d\u00f3nde ir\u00edan y escuchaba c\u00f3mo cada uno hab\u00eda resuelto refugiarse con alg\u00fan familiar. Esa tarde pude acercarme de nuevo al Vedado. Las calles desprend\u00edan hedor a gas y pescado descompuesto. El fango y la arena pintaban las calles con otro color. Me acerque al monumento a las v\u00edctimas del Maine, al cual le faltaban unas cu\u00e1ntos escalones, arrancados por la marejada. Me embelese tanto mirando la destrucci\u00f3n que no advert\u00ed cuando me gritaba una funcionara de la Defensa Civil para que no me siguiera acercando al borde del Malec\u00f3n. Entre la gente se escuchaba el recurrente &#8216;de verdad que no se esperaba una marejada as\u00ed&#8217;.<\/p>\n<p>El agua penetr\u00f3 m\u00e1s de 900 pies en el litoral habanero. Irma caus\u00f3 10 muertes, de las cuales siete sucedieron en La Habana, cinco de ellas por derrumbes de viviendas que sus propietarios no desalojaron.<\/p>\n<p>Al regresar hacia el sur por la calle 23 divise cervezas en un puesto que milagrosamente no estaba poblado por una fila kilometrica. Las cervezas no estaban tan fr\u00edas, pero aliviaron el calor y la sed. No bien alejada del lugar con botella en mano, al menos tres personas me deten\u00edan para saber d\u00f3nde la hab\u00eda conseguido. En esa calle estaba regresando la luz, pero sab\u00eda que si esperaba m\u00e1s me tocar\u00eda una ruta como boca de lobo de vuelta a la calle D.<\/p>\n<p>A pocas horas de despedirme de la hermana isla, recorde al joven de camisa guayaba que ped\u00eda con rabia un viaje fuera de all\u00ed. Reconoc\u00ed mi voz en la suya, y la de otros tantos que buscan d\u00f3nde y c\u00f3mo salir tambien de Puerto Rico. Las diferencias entre las motivaciones pudieran difuminarse a pasos acelerados. Me pregunte entonces, \u00bfcu\u00e1nto queda sano, no corrupto o da\u00f1ado, de tantos a\u00f1os de aguantar y dar el pecho a sobrevivir en las circunstancias m\u00e1s dif\u00edciles?<\/p>\n<p>Los hogares afectados en la ciudad de casi 500 a\u00f1os fueron m\u00e1s de 4,400 hasta el miercoles, cuando se registraron otros 21 derrumbes que se suman a los 157 reportados. Por el momento el Gobierno cubano no ha cuantificado los da\u00f1os, aunque se preve sean millonarios.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las primeras lloviznas tra\u00eddas por el hurac\u00e1n Irma a la Habana comenzaron la noche del viernes. 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