{"id":170139,"date":"2021-11-08T05:45:00","date_gmt":"2021-11-08T09:45:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.noticel.com\/?post_type=article&#038;p=170139"},"modified":"2025-08-01T21:06:55","modified_gmt":"2025-08-01T21:06:55","slug":"y-si-la-semana-laboral-de-cuatro-dias-no-fuese-un-mito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticel.com\/en\/opiniones\/20211108\/y-si-la-semana-laboral-de-cuatro-dias-no-fuese-un-mito\/","title":{"rendered":"Y si la semana laboral de cuatro d\u00edas no fuese un mito"},"content":{"rendered":"<h3>Columna de opini\u00f3n del licenciado Jaime Sanabria Monta\u00f1ez.<\/h3>\n<p>Al principio fue el sol, despu\u00e9s tambi\u00e9n el sol. El sol porque marcaba la horquilla de la luz natural, cuando las primeras sociedades asentadas no dispon\u00edan de otra iluminaci\u00f3n que las antorchas. El sol \u2013quiz\u00e1 m\u00e1s en concreto la sumisi\u00f3n orbital terrestre\u2013 como regulador de los horarios de trabajo; el sol como gigantesco reloj astron\u00f3mico que condicionaba cualquier componenda temporal.<\/p>\n<p>El poder complementaba al sol para la explotaci\u00f3n inmisericorde de los trabajadores. Las \u00e9lites ni siquiera consideraban que quienes les serv\u00edan pudiesen tener unos derechos laborales y personales que todav\u00eda estaban por inventar, siquiera por imaginar. En Europa, los distintos imperios, las sociedades medievales, renacentistas y aun m\u00e1s all\u00e1, hasta bien entrado el XIX, exig\u00edan a quienes trabajaban, continuidad infatigable. Dejando de lado la esclavitud, horarios de hasta 14 horas diarias (en los periodos estacionales de mayor luz) los siete d\u00edas de la semana no resultaban infrecuentes.<\/p>\n<p>En los Estados Unidos, los primeros escarceos sindicales para reducir las interminables jornadas laborales se iniciaron en el \u00faltimo tercio del siglo XIX. Pero pese a la proclama del presidente Ulysses S. Grant, en 1869, para acortar a ocho horas las jornadas de los trabajadores gubernamentales que espole\u00f3 a numerosas organizaciones a reclamar lo propio, la iniciativa no cuaj\u00f3 en el colectivo privado que asociaba m\u00e1s trabajo con m\u00e1s productividad. Tendr\u00eda que ser el ejemplo \u2013 ya en el primer cuarto del siglo XX\u2013 de empresas privadas como la Ford, que estableci\u00f3 una jornada de 40 horas semanales con un m\u00e1ximo diario de ocho, quienes despertaran al Congreso la necesidad de atenuar normativamente la carga del horario laboral y para tal fin, tras una sucesi\u00f3n de reivindicaciones, huelgas y v\u00edctimas, se promulg\u00f3 la Ley Adamson, una ley federal bautizada como Ley de Normas Razonables del Trabajo (FLSA) que estableci\u00f3 en 1938 una jornada de 44 horas semanales, reducidas a 40 tras una enmienda a la misma Ley en 1940.<\/p>\n<p>Poco se ha evolucionado desde entonces, pese a que John Maynard Keynes, quiz\u00e1 el economista m\u00e1s visionario y m\u00e1s citado de todos los tiempos, predijera en 1930 que en 2030 la jornada laboral semanal solo ser\u00eda de 15 horas. No parece que el pron\u00f3stico del brit\u00e1nico vaya a cumplirse por muchas pandemias que sucedan para, nuevamente, alterar abruptamente el orden laboral vigente.<\/p>\n<p>Han sido numerosos los experimentos, las propuestas, las legislaciones que algunos de los pa\u00edses m\u00e1s avanzados en materia de derechos generales de los ciudadanos (que incluyen tambi\u00e9n los laborales) han introducido para acortar las horas semanales trabajadas. Aspiraciones como una jornada de 35 horas semanales o incluso la semana laboral de cuatro d\u00edas, no han prosperado en su conjunto, aunque s\u00ed forman parte de la realidad cotidiana de algunas empresas, incluso algunas de ellas multinacionales, en particular de los pa\u00edses del norte de Europa, de ordinario lo m\u00e1s proclives a favorecer la conciliaci\u00f3n de las vidas personales y laborales de sus trabajadores.<\/p>\n<p>Sin embargo, la realidad es que aun siendo Dinamarca el pa\u00eds en el que menos se trabaja del planeta, el saldo semanal medio arroja una cifra media de 37.2 horas a la semana. Quiere esto decir que s\u00ed, que ciertamente hay colectivos, empresas u organizaciones que se han acogido a esas 35 horas semanales de trabajo activo, pero otras siguen sobrepasando incluso ese corte regulado mayoritario que suponen las 40 horas.<\/p>\n<p>En Puerto Rico, luego de varias luchas e intentos reguladores de la jornada laboral entre la \u00e9poca post-esclavista y la de la industria azucarera, la jornada laboral qued\u00f3 fijada en esas 40 horas distribuidas en cinco d\u00edas a la semana a trav\u00e9s de la Ley 379 (Para Establecer la Jornada de Trabajo en Puerto Rico), cuya promulgaci\u00f3n se remonta a 1948, con sus catorce enmiendas incorporadas, la \u00faltima de las cuales data de 2017. Una ley que tipifica derechos y deberes de patronos y trabajadores en materia de horarios, descansos y remuneraciones por horas extras como piedras angulares de su existencia.<\/p>\n<p>Dice un refr\u00e1n que no por mucho madrugar amanece m\u00e1s temprano; parafrase\u00e1ndolo con una adecuaci\u00f3n terminol\u00f3gica laboral, se podr\u00eda expresar que no por mucho trabajar se es m\u00e1s productivo. Son muchos los estudios que comprueban que un mayor n\u00famero de horas trabajadas no necesariamente conlleva una mayor rentabilidad. Pa\u00edses como Luxemburgo, Holanda, Irlanda o Suecia, en los que se trabajan menos horas que en Polonia, Hungr\u00eda o Ruman\u00eda son m\u00e1s productivos cuando se analizan los resultados empresariales de dichas jurisdicciones, aunque obviamente existen otros factores que se desprenden de sus culturas laborales, de sus leyes, de sus idiosincrasias, que los ayudan a reforzar esa eficacia productiva.<\/p>\n<p>Un menor n\u00famero de horas trabajadas puede conllevar una mayor disponibilidad de tiempo libre para distribuirlo como cada cual considere: familia, ocio, deporte, cultura o, incluso, realizaci\u00f3n personal. Esa a\u00f1adidura de relajaci\u00f3n derivada del disfrute de la vida suele ofrecer un mayor rendimiento a las horas trabajadas. Concentrar los esfuerzos en lugar de dispersarlos para cumplir con un horario proporciona un extra de productividad. Cuanto mejor sea la vida extralaboral de los trabajadores, m\u00e1s fecunda ser\u00e1 la laboral. Empleados plenos y descansados, empleados alegres y productivos.<\/p><div class=\"notic-content-middle\" id=\"notic-1264717341\"><a data-no-instant=\"1\" href=\"https:\/\/grupocolongerena.com\/wendys?utm_source=noticel&#038;utm_medium=banner&#038;utm_campaign=wendys_double_wow_sostenimiento&#038;utm_term=noticel&#038;utm_content=300x250\" rel=\"noopener\" class=\"a2t-link\" target=\"_blank\" aria-label=\"300X250-DoubleWOW\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/cdn.noticel.com\/2026\/06\/16191228\/300X250-DoubleWOW.gif\" alt=\"\"  width=\"300\" height=\"250\"   \/><\/a><\/div>\n<p>La pandemia ha supuesto un cisma entre las viejas formas de concebir el trabajo y las surgidas de la necesidad de adaptaci\u00f3n a las circunstancias epidemiol\u00f3gicas m\u00e1s convulsas de la contemporaneidad. La cultura de la presencialidad, por inviable durante la expansi\u00f3n del virus, dej\u00f3 de ser un obst\u00e1culo para la eficiencia y productividad en muchas de las actividades que, hasta ese momento, parec\u00edan requerir de la presencia directa en el centro de trabajo y se acab\u00f3 convirtiendo, incluso, en innecesaria. Aunque resulta manifiesto que determinadas actividades requieren de una manipulaci\u00f3n humana in situ y no resultan salvables a distancia, fueron precisamente las organizaciones necesitadas incondicionalmente de manos las m\u00e1s afectadas por el azote del virus.<\/p>\n<p>\u00bfEl resultado? Una flexibilizaci\u00f3n de los tiempos y de las formas de hacer el trabajo, sin reglamentar todav\u00eda, discrecional, sometida a las circunstancias de cada empresa, de cada patrono, de cada trabajador, de cada lugar. Espont\u00e1neamente, ha surgido una epidemia de rean\u00e1lisis de las conveniencias, un prurito de optimizaci\u00f3n de los recursos en detrimento de lo prefijado inercialmente y una mayor elasticidad en lo concerniente a los horarios. Confiemos en que la pospandemia no revierta estos logros y restaure unos usos y costumbres laborales superados en parte.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 este sea el momento de abordar transformaciones laborales que modernicen los horarios existentes y nos acerquen a las predicciones de Keynes. Una de ellas se alinea con la semana laboral de cuatro d\u00edas, una de esos mitos accesibles si patronos y trabajadores entrecruzan sus intereses y consens\u00faan los t\u00e9rminos, las excepciones, as\u00ed como las imposibilidades de aplicaci\u00f3n en algunos sectores o empresas.<\/p>\n<p>Aisladamente, y al igual que durante el fordismo, algunas empresas ya han instituido voluntariamente esa semana de cuatro d\u00edas. En pa\u00edses como Jap\u00f3n y Nueva Zelanda, algunas organizaciones de prestigio mundial (filiales de Yahoo o Microsoft) han obtenido incrementos de rentabilidad de entre un 20% y un 40% en sus resultados. Otras empresas de Estados Unidos, Suiza, Espa\u00f1a, Alemania y alguno que otro pa\u00eds europeo tambi\u00e9n han adoptado esa f\u00f3rmula laboral como aproximaci\u00f3n a los nuevos modelos productivos que la tecnolog\u00eda posibilita; pioneros que permiten una primera rendija para que los reguladores laborales gubernamentales comiencen, cuando menos, a barajar esa alternativa para incorporarla a las leyes de cada pa\u00eds.<\/p>\n<p>Se necesita de pioneros para derribar muros tenidos como infranqueables; se requiere de la perseverancia de los que siempre est\u00e1n dados a evolucionar para disolver antiguas estructuras. Cuando la aludida Ford Motor Company implant\u00f3 e implement\u00f3, en 1926, la semana laboral de 40 horas, los profetas del descr\u00e9dito, esos que imperan en todas las \u00e9pocas, tacharon de loco a Henry Ford. Y es que algunos de los tenidos despectivamente como iluminados en un momento de la historia han acabado revel\u00e1ndose como promotores de movimientos, de escuelas de pensamiento, y de tendencias.<\/p>\n<p>Pero a la postre, por encima de esa posible nueva formulaci\u00f3n de los horarios de trabajo, se trata de incorporar la flexibilidad a nuestro diario vivir. Claro est\u00e1, sin afectar la productividad y eficacia en las operaciones de las empresas, y sin olvidar que trabajadores flexibles son equivalentes a trabajadores motivados. En esta tesitura, una de las pocas cosas buenas que trajo la Reforma Laboral de 2017 fue, precisamente, la flexibilidad a trav\u00e9s, por ejemplo, de los \u201cAcuerdos de horario flexible\u201d tambi\u00e9n conocidos como \u201cFlexitime\u201d.<\/p>\n<p>Actualmente, una empresa y un trabajador que se beneficien de un \u201cAcuerdo de horario flexible\u201d pueden pactar trabajar menos d\u00edas y menos horas en una semana laborable. Por ejemplo, quienes lo pacten pudiesen trabajar cuatro d\u00edas y 36 horas en una semana. Y mientras esa hora adicional diaria el patrono no tendr\u00eda que pagarla como hora extra, el obrero podr\u00eda sentir que no se va \u201cquemando\u201d paulatinamente y que puede recargar energ\u00edas en m\u00faltiples asuntos extralaborales. La remuneraci\u00f3n a pactarse por esas 36 horas -si la misma es equivalente o no a las 40 que originalmente se trabajaban- queda en manos de la voluntad de las partes. Dicha iniciativa en conjunto con otras recientes -como el aumento al salario m\u00ednimo, el cr\u00e9dito por trabajo, por mencionar algunas- nos ponen a la vanguardia de los tiempos y nos ayudan a lidiar con los problemas de pobreza y valores del mercado laboral puertorrique\u00f1o.<\/p>\n<p>Por eso, es importante destacar que, desde el 2017, ya Puerto Rico hab\u00eda dado un paso de avanzada y comenzado a insertar, en el inconsciente laboral nacional, las aspiraciones humanas de trabajar menos d\u00edas y menos horas. Sin embargo, en d\u00edas recientes, dicho logro se est\u00e1 viendo amenazado por algunas propuestas legislativas anquilosadas en los a\u00f1os 30 del siglo pasado y que atentan contra la paz laboral puertorrique\u00f1a. Entre otras cosas, parece ser que varios legisladores intentan incorporar al \u201cFlexitime\u201d conceptos de \u201cjusta causa\u201d para poder rescindirlo, o presunciones de que la terminaci\u00f3n del mismo, por parte del patrono, debe considerarse \u201carbitraria\u201d y \u201ccaprichosa\u201d. Pero esto, lejos de promover la fluidez y el bienestar en las relaciones laborales, lo que est\u00e1 propugnando es su inflexibilidad. Y, por el bien del pa\u00eds y su poblaci\u00f3n laboral, debemos evitar estos procederes estancados y sacados de viajes descontextualizados al pasado, de traves\u00edas a momentos hist\u00f3ricos laborales ajenos a una Revoluci\u00f3n Tecnol\u00f3gica y a una pandemia.<\/p>\n<p>En fin, Puerto Rico no debe dar pasos en direcciones contrarias a las nuevas tendencias y formas de trabajo pospand\u00e9micas que se han instaurado de facto en nuestras vidas. Actuaciones legislativas que apoyen iniciativas empresariales atrevidas, pero que sean responsables -como la introducci\u00f3n progresiva de esa semana de cuatro d\u00edas perge\u00f1ada de una manera generalista en los p\u00e1rrafos anteriores- debiesen procurar una ventaja competitiva y abrir una ventana aperturista, ejemplarizante a un mundo que, aunque de entrada acostumbra a mostrarse reacio a los cambios, los acaba por adoptar cuando comprueba que lo que se proclamaba como mito se convierte en hecho real y sustancioso para el progreso.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Columna de opini\u00f3n del licenciado Jaime Sanabria Monta\u00f1ez. Al principio fue el sol, despu\u00e9s tambi\u00e9n el sol. El sol porque marcaba la horquilla de la luz natural, cuando las primeras sociedades asentadas no dispon\u00edan de otra iluminaci\u00f3n que las antorchas. El sol \u2013quiz\u00e1 m\u00e1s en concreto la sumisi\u00f3n orbital terrestre\u2013 como regulador de los horarios [&hellip;]<\/p>","protected":false},"author":110,"featured_media":328328,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"ep_exclude_from_search":false,"footnotes":""},"categories":[50,48],"tags":[],"class_list":["post-170139","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opiniones-opiniones","category-opiniones"],"acf":[],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/170139","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/110"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=170139"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/170139\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":841017,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/170139\/revisions\/841017"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/328328"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=170139"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=170139"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/noticel.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=170139"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}