{"id":102680,"date":"2015-03-19T16:55:53","date_gmt":"2015-03-19T20:55:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.noticel.com\/blogs\/opiniones\/20150319\/la-muchacha-esta-con-la-que-estoy-saliendo\/"},"modified":"2025-08-19T03:40:34","modified_gmt":"2025-08-19T03:40:34","slug":"la-muchacha-esta-con-la-que-estoy-saliendo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticel.com\/en\/opiniones\/20150319\/la-muchacha-esta-con-la-que-estoy-saliendo\/","title":{"rendered":"La muchacha esta con la que estoy saliendo"},"content":{"rendered":"<p>En estos tiempos, no hay prueba m\u00e1s clara del funesto estado de nuestras relaciones que las maromas a las que nos sometemos cuando nos referimos al otro o a la otra, al objeto de nuestros afectos.<\/p>\n<p>Hay quienes la tienen f\u00e1cil: pueden decir, ese es mi marido o esa mi mujer, ese es mi esposo o esa es mi esposa, y la precisi\u00f3n de esas palabras refleja un v\u00ednculo preciso, nos guste o no nos guste el contenido. Pero los dem\u00e1s, los modernos y los enmara\u00f1ados, se hacen un ocho intentando ampararse en las pocas palabras que existen, construyendo artilugios del lenguaje cuando se refieren a su pareja como mi compa\u00f1ero o mi compa\u00f1era, lo que deja en el paladar el mal gusto de la militancia. Qu\u00e9 se puede decir de la torpeza de mi novio o mi novia, del excesivo arrojo de mi amante, y del insustancial mi jevo o mi jeva. A mi parecer, utilizar mi nena o mi nene es cute en privado, pero en p\u00fablico es una cursiler\u00eda que raya en lo infantil. Condenados como estamos a la duda sem\u00e1ntica, en la desesperaci\u00f3n le metemos mano a t\u00e9rminos desproporcionados: la m\u00eda, el m\u00edo, el tuyo, ese que te dije. Hasta que comenzamos a usar frases largu\u00edsimas como el tipo con quien estoy viviendo o la muchacha \u00e9sta con la que estoy saliendo, lo cual a decir verdad, es un verdadero desperdicio de saliva.<\/p>\n<p>Ya sabemos que el nombrar es una manera de poseer, o al menos de ordenar la realidad en la medida posible, que es poco. Es decir, que si no sabemos nombrar al otro es por una de dos razones: porque no sabemos ser y estar o porque el lenguaje no ha alcanzado a describir la complejidad de lo que estamos viviendo. Si es lo primero, parece que padecemos una vaguedad sustancial y sustantiva: desconocemos el contenido que pretendemos del otro y hemos olvidado por d\u00f3nde pasa la frontera de nuestros propios l\u00edmites. Si es lo segundo, no hay que desesperarse. No es hasta el a\u00f1o 2014 que el diccionario de la Real Academia de la Lengua incluy\u00f3 la palabra culamen, tan sencilla y descriptiva. Y la palabra matrimonio incluy\u00f3 en su definici\u00f3n un matiz: &#8216;En determinadas legislaciones, uni\u00f3n de dos personas del mismo sexo, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses&#8217;. De manera que mientras el coraz\u00f3n se vuelve un garabato ensayando nuevas maneras de quererse, bien podemos dedicar algo de nuestro tiempo a inventarnos una nomenclatura sentimental que haga sentido. Suena revolucionario? No m\u00e1s revolucionario que espanglish, bloguero, y link, otras palabras que hicieron su debut formal este a\u00f1o.<\/p>\n<p><em>*La autora escribe en el blog <a href=\"http:\/\/coalamacacoa.tumblr.com\/\">Coa La Macacoa<\/a> sobre sus observaciones y experiencias, personales y c\u00edvicas, del pasado y del presente, y hasta del futuro cuando se atreve.<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En estos tiempos, no hay prueba m\u00e1s clara del funesto estado de nuestras relaciones que las maromas a las que nos sometemos cuando nos referimos al otro o a la otra, al objeto de nuestros afectos. 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